¡Qué magnífico sería si al acudir a una consulta médica nos recetaran caminar por los bosques! ¿Una utopía? No, en verdad no lo es. Etimológicamente, utopía significa que no existe en ningún lugar, y una recomendación médica de este tipo sí que tiene cabida geográfica, por ejemplo, en el Japón. Al año, varios millones de japoneses aquejados de estrés, hipertensión y ansiedad acuden a las sesiones de baños de bosques o shinrin-yoku. Una terapia que enraíza con antiguas prácticas sintoístas y budista, pero que desde 1982 está incluida en el sistema nacional de salud japonés. A través del seguimiento de parámetros médicos y biomarcadores como los que indican el nivel de estrés, se han realizado numerosos análisis y estudios que aparecen en revistas científicas internacionales avalando los óptimos resultados de esta terapia basada en la bondad de los bosques y en su efecto terapéutico; no solo a nivel psíquico general, sino particularmente porque ayuda a combatir enfermedades tan terribles como el cáncer.

 

¿Por qué es necesario este contacto con los bosques, con la naturaleza? Estamos sumidos en un mundo donde se repite constantemente la palabra crisis: crisis climática, crisis económica, crisis energética, crisis alimentaria, crisis medioambiental, crisis de valores… Un golpeteo continuo de noticias negativas a nuestro cerebro ante las que nos sentimos impotentes y que afecta a nuestro estado emocional, a nuestra dignidad como ser humano. Contra este incesante martilleo, hemos de actuar sembrando optimismo, con ecopositivismo, dejándonos seducir por la belleza de una puesta de Sol sobre un paisaje, una senda forestal, el detalle de una flor o una gota de rocío sobre una hoja. Captemos estas imágenes y compartámoslas por todas las redes sociales a las que tengamos acceso. Así, podremos conseguir cortar la espiral de amargura que destilan la mayoría de noticias tristes que nos llegan. La difusión de imágenes positivas es “contagiosa”, veremos como enseguida nuestros amigos también enviarán las suyas propias donde habrán puesto lo mejor de ellos mismos.

 

Durante demasiado tiempo hemos dejado las riendas de nuestra civilización, de nuestra manera de obrar y hasta nuestra escala de valores en manos de una economía que se basa en un crecimiento acelerado, lo que no solo produce constantes crisis cíclicas, sino que nos empuja a vivir una vida de estrés y ansiedad continuada. Una carrera desenfrenada hacia ninguna meta.

 

La economía y la ecología no comparten solo las primeras sílabas, sino que tienen que estar llamadas a entenderse. No podemos continuar de espalda a la naturaleza y seguir construyendo castillos de naipes en el aire, olvidándonos de la base, la tierra que nos sustenta. Todos sabemos que los árboles son los únicos pueden solucionar la principal crisis con la que se enfrenta la humanidad. Si difundimos el amor a la naturaleza, estamos en vías de solucionar los problemas. Nos sentimos útiles.

 

¿Por qué se representa el paraíso como un jardín de frondosos árboles? ¿Por qué las palmeras son la idealización de las vacaciones? ¿Por qué el color verde nos tranquiliza, nos relaja y es emblema de esperanza? Desde la noche de los tiempos, numerosos relatos a lo largo del mundo hablan de un mítico jardín donde la humanidad vivía feliz en una edad de oro.

 

¿Qué tienen los árboles para que sean portadores de felicidad?

Hipócrates, el padre de la medicina, decía que el buen humor se basaba en el equilibrio de los cuatro elementos: aire, agua, tierra y sol. En este sentido, los árboles son maestros: limpian y hacen respirable nuestra atmósfera, regulan todo el ciclo del agua, algo que es vital para gozar de un entorno saludable, protegen la tierra de la erosión y con su grata sombra matizan los rayos solares. Así es, la simple contemplación de un árbol nos carga de optimismo.

 

En la actualidad, la Ciencia, con su análisis metódico y riguroso, ahonda sobre esta idea. Estudios realizados en hospitales han demostrado que los pacientes cuyas salas gozan de ventanales hacia espacios arbolados sanan de forma más rápida que los que están dirigidos a entornos urbanos. En nuestro país se ha analizado el rendimiento escolar en distintos centros educativos y se ha comprobado que la presencia de entornos arbolados estimula las facultades mentales de los estudiantes.

 

Sí, los árboles y los espacios abiertos estimulan todo nuestro sistema sensitivo. Todos estos principios forman la base de los talleres de arboterapia para aliviarnos del estrés, los agobios de la sociedad moderna, en busca de un ritmo de vida más saludable en armonía con la naturaleza y nuestro entorno.

 

Al caminar por un bosque, hagámoslo con todos los sentidos abiertos, fijándonos en los detalles de la corteza de un árbol, en cómo vibra una hoja centelleando con su brillo. Observemos la gracia de una semilla que nos trae el viento, respiremos las fragancias de la naturaleza, escuchemos el murmullo de sus hojas como fondo de la sinfonía de aves y abracemos la palpitante vida de los árboles. España es el país de mayor biodiversidad de toda Europa. Contamos con más de 1500 espacios naturales protegidos. Disponemos de miles de kilómetros de vías pecuarias, sendas forestales y vías verdes para el senderismo y el disfrute. Siempre se ha dicho que no hay nada mejor para abrir el apetito que un paseo por el campo. Salud, color, buen humor y optimismo. ¿Qué más se puede pedir?