pedro loupaLas hojas caen en otoño y los atardeceres son hermosos. El invierno nos acerca al fin de año y a los grandes deseos y objetivos para el siguiente ciclo; a las promesas infinitas y a los deseos sin límite por cambios esperados.

¿Pero qué es lo que realmente quieres cambiar en tu vida?

 

Te propongo un reto: a partir de este momento, en que inicias esta lectura, no te creas lo que te cuento, tan sólo siente en ti qué provoca. Estas líneas son apenas algunas de las infinitas posibilidades que la vida te presenta.

 

¿Hace cuánto tiempo que no te paras, al menos 5 minutos, para experimentar el silencio y escucharte?

 

Estamos inundados por un movimiento espiritual que nos bombardea con técnicas, con herramientas, con las mejores teorías, aunque todas tienen la misma intención: que tú te sientas mejor, que logres equilibrar tus estados emocionales, tus niveles de estrés, que te conozcas, que sanes tus enfermedades, etc. Pero no se trata de ser espiritual; se trata de sentir realmente lo que estás viviendo, en el preciso momento en que lees estas líneas, nada más que eso.

 

Comencé preguntándote cuándo fue la última vez que te habías parado totalmente, durante 5 minutos. Y eso quiere decir: cuándo has estado sin hablar, sin nadie a quien escuchar, sin televisión, sin radio, sin música, con el móvil y teléfonos apagados, solamente sintiendo lo que vives en ese momento. Y así experimentar tu alegría, dolor, sufrimiento, estrés, pensamientos infinitos, el ruido exterior, lo que sea que suceda en ese lapso de tiempo.

 

Lo cierto es que no lo hacemos, y no es tan complicado. No tenemos que irnos a la India, ni siquiera encontrar un espacio aislado, sin ruido, sin nadie; a veces es sólo cerrar los ojos en un transporte público, en tu trabajo, por un par de minutos, y sentir.

 

Cambiando el rumbo

Por eso mismo, cambiar el rumbo de tu vida no significa solamente cambiar de trabajo, de país, de pareja o de ciudad. Para mí, significa cambiar de paradigma y tratar de reconocer que lo que vivimos es únicamente fruto de nuestras creencias e interpretaciones. De la forma en que vemos lo que pasa a nuestro alrededor y cómo los demás “nos hacen y nos provocan”. Se trata de asumir lo que nos ocurre, de aceptar lo que sucede.

 

Así que, cuando permites que todo sea tal y como se presenta, y paras para observar ese movimiento de la vida, inicias un camino de aprendizaje sobre ti mismo, sobre lo que realmente te hace sentir cada situación que vives en la vida, cada emoción que se genera: qué creencias no te permiten ir más allá y te dejan siempre en el mismo punto, haciendo siempre lo mismo y, en consecuencia, obteniendo los mismos resultados.

Así que me gustaría proponerte algunas ideas, para que las pongas en marcha cuando consideres adecuado y por ti mismo/a experimentes, no hay más que eso: experimentar, sentir. Cada uno tendrá una experiencia y una vivencia única.

Soy corazón

 Abre los ojos al despertarte, respira profundamente y pon tus manos en el pecho a la altura del corazón. Respira como si estuvieras respirando en esa zona, por debajo de tus manos, y deja fluir cualquier duda o pensamiento, en especial la agenda con tus compromisos, tus miedos y los retos para ese día. Permite que todo sea como es, durante 3 minutos permítete estar ahí respirando en tu corazón.

 

Mi cuerpo y mi mente

El ejercicio es fundamental, pues el cuerpo se comunica con nosotros y con la misma mente, y en ese ir y venir, nos liberamos y abrirnos para un nuevo día. Usa al menos 5 minutos de tu vida para hacer algo de ejercicio: salir a correr, un poco de yoga, estiramientos, algo simple que puedas hacer en tu casa, en tu local de trabajo, en la calle (de preferencia, en la naturaleza). En lo que hagas, pon la atención en tu cuerpo y tus sensaciones todo el tiempo, sin juzgar lo que sientes.

 

Mi espacio de silencio

Encuentra un espacio donde puedas estar contigo mismo/a. Siéntate cómodamente. Durante 5 ó 10 minutos, cierra los ojos con suavemente y respira con naturalidad. Observa cómo el aire entra y sale por la nariz, y quédate ahí, observando. Acepta todos los pensamientos que lleguen a tu mente. Están ahí. No pasa nada. Cuando seas consciente de ellos, suavemente vuelve a tu respiración. Ábrete a todas las posibilidades que este espacio de silencio trae a tu vida, sin interpretaciones, sin juzgar lo que sea.

Y ahora te preguntarás: “¿Pero qué quiero cambiar de mi vida?”. Te diría: “Vive lo que la vida te presenta y descubre entre líneas el secreto de tu misma expresión como Ser Humano”. El misterio de tu verdadera esencia está en cada acto que tú permites que se exprese, en cada instante de tu vida. Y ahora… ¡a divertirte!

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