reyesNo solo heredamos la genética de nuestros ancestros, también la forma de comer, las recetas… A veces cuando en la misma familia se da la misma enfermedad, lo achacamos a la genética, pero las recetas y las formas de cocinar se van heredando de madres a hijos e hijas.

 

Introducir cambios de hábitos en nuestra vida diaria de forma paulatina nos hará erradicar enfermedades que de un modo u otro pueden estar relacionadas con el tracto digestivo y con las formas de cocción heredadas.

 

Por ello, es tan importante educar alimentariamente a los más pequeños en edades tempranas, aunque cueste un poco más: darles de comer bien cada día y que se conviertan en individuos adultos con una dieta variada y equilibrada.

 

Si en la edad adulta la fruta y la verdura siguen siendo un problema, bebemos poca agua y solo nos alimentamos con lo que nos gusta, sin atrevernos a introducir alimentos frescos y de temporada, estamos acidificando nuestro organismo. Si a eso le sumamos el ritmo de vida tan vertiginoso de la sociedad actual, con factores como el estrés, estamos acidificándolo aún más.

 

Un cambio de hábito muy saludable es tomarnos en ayunas un buen vaso de agua. Si es de nuestro agrado, le podemos añadir el jugo de medio limón para alcalinizar el organismo desde primera hora de la mañana.

 

Tomar una pieza de fruta a media mañana y a media tarde nos hará comer fruta con el estómago vacío, con lo cual asimilaremos completamente todos los nutrientes, podremos obtener fibra y agua metabólica de alta calidad, además de ayudarnos a mantener el equilibrio energético del cuerpo.

 

Al desayunar, como la propia palabra indica, llevamos varias horas sin ingerir alimentos, y resulta que hay personas que no desayunan jamás.

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Conviene introducir la costumbre de alimentarnos acorde con las proporciones de nuestro cuerpo: que el filete de carne o pescado sea del tamaño de nuestra mano, pues es la cantidad de proteína que realmente necesitamos. Lo acompañaremos de verduras cocinadas o crudas, preferentemente del tipo ensalada, y la cantidad de las mismas será el doble que la proteína. Nos aseguraremos de digerirlas del modo apropiado y de evacuar los residuos adecuadamente, además de comer con equilibrio.

 

Se trata de unos ligeros cambios, a los que a medida que vamos integrándolos podemos añadir algunos más. De esta manera es posible que encontremos un gran bienestar y, sobre todo, nuestro sistema nervioso se volverá estable al recibir alimento de forma gradual a lo largo de todo el día.

 

Somos lo que comemos: si comemos equilibrio, pensamos y respiramos equilibrio, Somos Equilibrio.

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