Siento el desplegar de mis alas coloridas con el brillo, la transparencia, el color y los reflejos del  arco iris. Ese vuelo suave, dulce, tembloroso del que se recuerda pájaro en un tiempo muy muy lejano.

La libertad me llama, me inspira, pero mi corazón tiembla, se encoge, late rápido…la excitación del despertar del vuelo.

Por fin me lanzo. Ya en el aleteo, la palpitación se dispara, el resto de las sensaciones me inundan, mi vista descubre la belleza del paisaje, el movimiento, el enfoque, la suavidad del viento, la cercanía a las nubes, la inmensidad del cielo, del  horizonte.

¿Dónde estoy? Siento la inigualable plenitud del que se siente parte del Universo, vibrante, despierto, sereno, en paz y libre, expandido…pleno.

Subo, bajo, juego. Ahí están mis compañeros, el viento y las nubes, y yo tomo la paleta de colores y creo: mezclo el morado y el blanco, el naranja, el amarillo y ahí va… el amanecer soñado.

Todo lo puedo cocrear, soñar…. para luego materializar.

Soy libre y me siento en paz.

Vibro en alegría y todo lo creo desde el amor. Desde los detalles más pequeños a lo más grandes: soy la escultora de mi propio camino. Consciente de ello, con mi plenitud enraizada y mis lápices de colores siempre voy acompañada. Ahí estás conmigo querida musa, en esa inspiración de forma y color. Me aportas ese bello idealismo que ahora materializo.