Pensamos que nuestro corazón late siempre al mismo ritmo uniforme, pero en realidad no es así, el ritmo del corazón está variando constantemente. A esta variabilidad se le llama “Variabilidad del pulso cardiaco”.

 

Cuando la variabilidad del pulso cardiaco es moderada y regular decimos que existe Coherencia Cardiaca.

 

Esta variabilidad depende del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), el cual tiene dos ramas que actúan en equilibrio y permiten una adaptación a los cambios constantes que vivimos:

– El sistema nervioso simpático, responsable de la activación, asociado a la acción, que pone al cuerpo en alerta y listo para trabajar.

– El sistema nervioso parasimpático, responsable de la relajación, que ralentiza las funciones del cuerpo y consume menos energía.

Así, en los momentos de calma, tenemos una activación del sistema nervioso parasimpático. La tensión muscular se reduce, el ritmo cardiaco se ralentiza y se hace más regular, la presión arterial disminuye…

 

Por el contrario, en los momentos de estrés, existe una activación del sistema nervioso simpático. La tensión muscular crece, el ritmo cardiaco se acelera y se hace más caótico, la presión arterial aumenta…

 

Si nos servimos demasiado de nuestro sistema simpático (acelerador), en detrimento de nuestro sistema parasimpático (freno), se produce un desequilibrio en nuestras funciones fisiológicas.

 

Este desequilibrio va a provocar una falta de flexibilidad que a la larga se traducirá en síntomas y enfermedades: infartos, hipertensión, insuficiencia cardiaca, tensión crónica …

Un sistema nervioso flexible permite al cuerpo mantener su equilibrio frente a las situaciones estresantes tanto externas (entorno) como internas (emociones, dolor …).

Estudios clínicos recientes subrayan que aumentar el tono parasimpático favorece una mejor adaptación a las variaciones de nuestro entorno físico y emocional, así como una mejor respuesta fisiológica cara al estrés.

 

¿Cómo podemos actuar?

El SNA siendo involuntario, no se puede modificar a voluntad.

La respiración es la única función automática sobre la cual podemos actuar de manera consciente.

Cuando la regulamos, nos ayuda a equilibrar la actividad simpática y parasimpática, favoreciendo el equilibrio cardio-respiratorio y aumentando el tono parasimpático.

 

Una respiración lenta (6 ciclos por minuto), profunda (abdominal), rítmica y regular es la manera más sencilla de entrenarse en la Coherencia Cardiaca.

Práctica de la Coherencia Cardiaca:

 

– Inspirar durante 5 segundos, espirar durante 5 segundos.

– La inspiración se hace por la nariz, la espiración por la nariz o la boca.

– Practicar esta respiración lenta y profunda durante 5 a 10 minutos.

 

El entrenamiento cotidiano nos permitirá progresar y consolidar los efectos positivos  sobre nuestra salud de una buena Coherencia Cardiaca. También se puede practicar esta respiración, antes de un acontecimiento estresante o después de una fuerte emoción, para de este modo poder mitigar y modular nuestra respuesta emocional frente a dicha situación.

 

Beneficios de la práctica:

Los diferentes estudios realizados en pacientes, mediante la aplicación de programas de Coherencia Cardiaca, muestran unos resultados importantes a nivel psico-fisiológico y de salud en general. Así, podríamos hablar de:

  • Sensación de tranquilidad y bienestar
  • Mejor adaptación al estrés y a la ansiedad
  • Reducción de la fatiga y del dolor físico crónico
  • Potenciación del funcionamiento del sistema inmunológico
  • Mejora del estado de salud
  • Mayor control de las situaciones de tensión
  • Descenso de la tensión arterial
  • Reducción del riesgo de infarto
  • Aumento de la capacidad pulmonar