Es determinante de cara a convertirte en un auténtico dirigente de tu propia vida, que decidas en un momento dado quién quieres que forme parte de tu realidad y quién no. Obviamente, aquellas personas que te hacen sentir mal, que te hacer dudar, que sus actitudes cuestionan tu propia autoestima, con las que no te sientes valorado, de las que no recibes más que quejas o demandas o exigencias, deben desaparecer de inmediato de tu sistema de pertenencia.

 

 

Como nadie puede ser feliz por ti, has de ser tú quien tome la iniciativa de hacer limpieza en ese área que son las relaciones entre personas. Hemos escuchado hasta la saciedad que hay que aguantar, ceder, poner al otro por delante de nuestra

 

s necesidades, y como resultado hemos cosechado sentirnos en deuda con los demás y no podernos liberar del sentimiento de culpa en lugar de decidirnos a cortar con lo tóxico, lo falso, la mentira, la manipulación.

 

No estoy hablando solo de relaciones de pareja, sino de amigos, compañeros, familiares…

Veamos distintos casos:

– Tienes una amiga victimista desde hace años que te chupa la energía, la tratas de apoyar, estás a su lado, la escuchas… pero no sale de su bucle, siempre está igual. Estas personas han decidido vivir a costa de dar pena, de mostrar necesidades, de llamar la atención por su debilidad. Si estás preso de alguien así, lo primero que debes hacer es poner límites, dejar de acudir a sus demandas sintiéndote libre de hacer lo mejor para ti como vía hacia tu felicidad.

Es posible q

 

ue busque algún modo de hacerte sentir culpable, como acusarte de no ser buena persona, de no saber estar cuando te necesita… Aquí han de saltar todas tus alarmas. Si entras en su trampa, te irás sintiendo cada vez con menos vitalidad, incluso podrás padecer diversas somatizaciones en tu cuerpo.

Elige la vía más fácil: haz que ese ser desaparezca de tu mente, no contestes a sus acusaciones, no te justifiques, no des explicaciones. No entres a su juego para alimentar tu ego. Responde con tu silencio, sin desgastarte. En poco tiempo se

 

 dará por aludida y estarás libre de su toxicidad.

 

– Tienes unos compañeros que han creado relaciones de compromiso donde se supone que debes ir porque está bien visto, pero que no te apetece nada, pues no solo no te aportan sino que te restan tiempo, energía, alegría… Te sientes menos si no vas, has de hacer el esfuerzo, ¿qué van a decir si no acudes, si no dices SÍ a todo?

Si quieres recuperar tu autoestima, has de decidir por ti y dejar de frecuentar a las personas con las que crees que “debes hacer, estar, llamar, quedar bien…”. Solo llegarán a tu vida personas que te aporten si primero cortas con todo aquello que te resta. Igual que antes: no expliques, no justifiques, y sobre todo no mientas ni inventes excusas.

Con decir: “No 

 

me apetece”, es suficiente. Pero has de ser firme y no dejarte debilitar por comentarios culpabilizadores. Corta con ellos sin dudar.

 

– Tu pareja quiere tener siempre razón, te culpa de crear conflictos, se enfada y jamás cede esperando que tú des el primer paso. Eso te hace sentir inseguro y temeroso de perderla. Sabes que no tiene razón, pero te acobardas, incluso puedes dudar de ti mismo. No debes seguir alimentando esa toxicidad.

En primer lugar, ponte en tu sitio y no vayas detrás, persiguiendo, sometiéndote, degradándote. De hacerlo, contribuirías a crear una relación de superioridad-inferioridad que te hará dependiente y cada vez más necesitado y debilitado. Desaparece tú, y que el otro reflexione y dé un paso.

Mantente firme y tranquilo, es la otra persona la que tiene que mirarse. Tú ni te muevas de tu sitio. Desde ahí podrás observar su

 

s intenciones. Si son de arrepentimiento, perdona, no reproches y mantén la alerta. Volverá a ocurrir. Si no contacta contigo, celebra, porque te has librado de alguien que solo desea someter y anular.

 

– Tu madre no está satisfecha con ninguno de tus logros, todo le parece insuficiente. Te recrimina hacer las cosas mal, no poner interés, vestir inadecuado, no llamarla lo suficiente… y tú te vas sintiendo mal. Necesitas demostrar que vales, lo intentas, te agotas, pero no consigues nada.

Hagas lo que hagas, nunca serás tenido en cuenta, o reconocido, o admirado. La huella de las madres siempre queda y perdura. ¿Q

 

ué es lo más fácil?, decirle: “Sé que nunca te sentirás orgullosa de mí, que nunca me aceptarás por ser diferente a ti, pero por más que lo intente nunca podré ser tú, así que decido ser yo aunque eso me cueste tu ausencia de reconocimiento”. Y a empezar a liberarte sin necesidad de aprobación. Cada uno tiene que hacer su parte. Por mucho que lo intentes, es imposible que realices la suya, así que mejor, retírate y deja de competir para alimentar un ego que nunca te satisfará.

 

Si alguien te ha dicho en algún momento que ponerte tú a salvo, cortar con lo que te daña, recuperar el timón de tu vida es de egoístas, entonces es esa persona la que debe revisarse o llenar su vida de ingratos y manipuladores, si le parece.

 

Todos buscamos justicia, clamamos por las injusticias del mundo, pero veo pocas personas que hagan algo justo por sí mismas y de paso por los demás. Ser justo no tiene nada que ver con querer quedar bien con todos. Cuando al ma

 

nipulador se le cortan las vías y no tiene de quien abusar, dejará de hacerlo. Date tú tu lugar, de lo contrario no te lamentes por no sentirte dueño de tu vida. Cuando algo en ti te dice que cortes con alguien, que esa persona no ha de estar más en tu vida, hazlo. Elige el modo que menos te desgaste, escoge siempre el camino fácil. Si alguien debe moverse, será el manipulador, el victimista, el que te daña, no tú.