Algunas personas van por la vida pisando fuerte, tan fuerte que pisan a otros. En cambio, hay otras que se dejan pisar y se rebajan como alfombras para que otros les aplasten. Ambos comportamientos son disfuncionales y ambos se buscan entre sí. Unos porque necesitan sentirse por encima, y posicionándose a un nivel superior al resto creen que lo lograrán, y los otros porque se sienten realmente inferiores y consideran que lo normal es que les sometan.

 

Si no hubiera nadie con sentimiento de inferioridad no existiría el sentimiento de superioridad. Si no te dejas pisar, nadie podrá hacerlo, y si no te sientes menos, no necesitas crear la necesidad de sentirte más.  

                                                         
El complejo de superioridad manifiesta un exceso de orgullo que hace sentir a la persona por encima de los demás. Por tanto, le resulta razonable erigirse como autoridad, juzgar e imponer, y por supuesto tener siempre razón. Encuentra que los demás están equivocados y él tiene el derecho y la sabiduría para enderezarlos. Ensalza en exceso sus cualidades y habilidades para que nadie le vea el mínimo defecto, cosa que le hundiría pues es en exceso vulnerable si su dignidad se ve cuestionada. Son vistos como soberbios, arrogantes, altivos, prepotentes. Incluso su postura corporal es rígida, con ojos inquisidores y severos que miran por encima del hombro y con el dedo índice acusador, señalando lo que debes o no hacer para lograr su aprobación. Ante su mirada implacable, el resto se siente examinado, no se cree a su altura y empequeñece. Necesita por encima de todo ser reconocido, por eso busca llamar la atención:

Puede ser con algo tan nimio como ir a la playa en noviembre y bañarse varias veces aunque el agua esté fría para hacer sentir a los demás que son débiles e inferiores a él.

El complejo de inferioridad, por el contrario, es la asunción de una falta de valía y de autoestima de la persona. Son individuos que muchas veces han sufrido rechazos y burlas en su infancia, por lo que su autoestima se ha ido deteriorando sin encontrar opciones para poder recomponerla. Siguen sufriendo al traer aquel pasado doloroso al presente. Son personas que tienen un defecto de orgullo. Eso les hace tratar de ser muy perfectos y meticulosos. Pero por mucho que se esmeren, siempre tienen la sensación de no hacerlo suficientemente bien. Son duros y severos consigo mismos. Admiran o envidian en otros lo que logran, dando por hecho que ellos jamás serán objeto de reconocimiento. Corporalmente andan encogidos, con los hombros hacia delante y mirando hacia abajo. Resulta fácil hacerles sentir culpables. La persona con complejo de inferioridad acaba haciendo lo que otros le piden le guste o no.

El trasfondo se encuentra en lo que ocultan estos sentimientos:

 El complejo de superioridad suele ocultar un gran sentimiento de inferioridad que la persona necesita compensar y lo hace poniéndose por encima de otro. En el fondo su orgullo es débil y resulta muy fácil herirlo, cualquier cosa que roce mínimamente su dignidad lo hunde. La superioridad es la reacción a un sentimiento de inferioridad no expresado anteriormente, no resuelto, que se mantiene en el interior de la persona y no permite que salga a flote. Haciendo sentir débiles, inseguros o insignificantes a los demás, se siente a salvo. Le importa mucho que nadie pueda entrever su debilidad. Quien no siente la inferioridad, no necesita exhibir su superioridad.

El complejo de inferioridad oculta el dolor de haber recibido mensajes castrantes como: no vales, eres tonto, estás gordo, eso no es para ti, no entiendes nada… Así, la persona acaba creyendo que haga lo que haga nunca estará a la altura de los demás. Es lo que le ha tocado vivir, el esfuerzo, el sacrificio, la sensación de no merecimiento, la resignación. Se vuelve sumiso y siempre atraerá a personas que precisan someter para sentirse bien. Necesita confirmar su creencia de que está por debajo de los demás. Su falta de orgullo le impide enfrentarse y superar las adversidades.

Casi todos nos sentimos inferiores en algo. Damos nuestro poder a otros y facilitamos el camino a los inescrupulosos y manipuladores. Pero eso no nos da permiso para ensalzar nuestro orgullo y pisar a alguien más débil para así compensar esa falta de autoestima.

 

Ni por encima, ni por debajo. En la humildad está el equilibrio.