Articulo escrito por Cristina Villegas, Farmacéutica Rural

Uno de los grandes placeres que he descubierto recientemente ha sido comer mi propio

pan. Puede parecer banal, algo tan simple, tan mundano, tan fácil de encontrar en cada

esquina (cualquier pan, eso sí). Pero para mí, que vivo en un pueblito, no es nada de eso

(sin menospreciar a la panadería del pueblo que su trabajo hacen). A nosotros nos gusta

la variedad, los panes integrales, con pipas, barras, hogazas, panecitos, chapatis,

preñaos, BIO (ejem…), en fin, que la simple barra diaria no nos vale. Y por supuesto, el

hecho de hacerlo uno mismo le añade aún más valor. Hecho con mis manos, en mi casa,

con mi hijo ayudándome, diciendo que es como la plastilina, a mi gusto y mi manera y

con ingredientes ecológicos. Todo un cómputo de factores que hacen del pan un ocio,

un placer, un arte.

Quizás no soy la única que oía a su madre decir con pena “aahhhhhiii…¡que el horno

gasta mucho!”. Solucionado el problema, ahora vivo en una casita de paja calentada por

una cocina económica (bilbaína, chapa, de leña…como la queráis llamar) que enciendo

todos los días para calentar la casa y el agua caliente. Así que tengo horno disponible

sin pensar en la factura de la luz ¡todos los días! ¡Qué gran regalo! No os imagináis lo

que estamos disfrutando.

Y os preguntaréis, ¿y qué hace esta buena mujer en verano cuando no enciende la

cocina? Pues lo hacemos en la sartén. Prácticamente el mismo proceso, pero cocido en

una sartén de hierro, de esas que duran para toda la vida si las cuidas.

Llevamos practicando ya muchos meses, y por fin he descubierto el gran secreto:

tamizar la harina. Sí, eso no lo dicen muchas recetas y he comprobado que esa es la

gran diferencia. Eso, y hacerlo sin prisa.

Aquí va una receta simple y básica con la que no fallaréis. Y a partir de ahí podréis

añadir lo que queráis (pipas, nueces, avena, canela…) darle la forma que más os guste y

sobre todo disfrutar comiendo vuestro propio pan (además de ambientar toda la casa con

un olor estupendo).

Ingredientes:

 Tres vasos de harina tamizada (te sugiero que mezcles harinas a tu gusto, pero si

quieres un pan con miga siempre tendrás que poner por lo menos dos tercios de

harina de trigo blanca).

 Un vaso de agua calentita (sin llegar a hervir, del grifo).

 Una cucharadita de sal.

 Una cucharadita de miel o azúcar en su defecto.

 Levadura. Yo uso la fresca de panadería. La encontraréis en hornos de pan o en

supermercados en forma de dados. También podéis usar la de polvos en

sobrecitos, pero no os confundáis con la de repostería, tiene que ser la específica

de pan.

Pasos a seguir:

 Llena un vaso de agua caliente y echa la levadura para que se vaya disolviendo,

la sal y la miel.

 Tamiza la harina con un colador y échala en un recipiente grande tipo

ensaladera.

 Haz un espacio en el centro de la harina donde vas a echar el agua que has

preparado previamente.

 Mezcla poco a poco toda la masa hasta que quede fina y flexible.

Al principio se te pegará entre los dedos, pero se irá despegando. Si no es así

añade más harina poco a poco hasta que deje de ser pegajosa.

 Y ahora disfruta amasando sobre una superficie enharinada por lo menos 10

minutos, importante que paséis este ratito.

 Haz una bola con la masa y déjala reposar en un recipiente un poco engrasado

con aceite. Y engrasa un poquito también la propia masa. Tápala con un trapo.

 Déjala reposar una hora o una hora y media, hasta que no suba más.

 Y ahora paso importante: golpea la masa, literalmente, dale un puñetazo a esa

bola inflada. Sácala del recipiente y amásala dos minutos más.

 Dale la forma que quieras, puedes hacer un único pan o hacer bollitos de

distintos tipos que luego puedes congelar e ir sacando poco a poco según vayas

consumiendo.

 Colócalo ya en la bandeja del horno engrasada o con un papel de hornear y

tápalo con un film transparente o una bolsa de plástico media hora. Va a inflarse

un poco más.

 Hazle las marcas que quieras (si quieres) con un cuchillo, en forma de cruz, o

paralelas, y moja un poco la superficie con agua para hacer la corteza crujiente.

Listo para meter al horno.

 El horno debe estar a unos 210ºC, déjalo dentro unos 10-15 minutos. Luego

sácalo y mójalo un poquito más y otra vez adentro, pero ya con la temperatura

un poco más bajita, unos 180ºC. Y en otros 10-15 minutos ¡estará listo!

(Cada uno conoce su horno, así que el tiempo y la temperatura son un poco

orientativos).

Para saber que está bien cocido golpéalo como si llamaras a la puerta y si suena

hueco, está listo.

Si puedes aguantar déjalo enfriar encima de una rejilla, y…. ¡a comer pan casero!

PAN