Aunque nos queramos resistir, aunque queramos tenerlo todo bajo control, el paso del tiempo es inevitable.

Es el tiempo el que nos ayuda a contar cumpleaños, a establecer nuestra permanencia en el trabajo, a hablar de nuestro matrimonio o nuestras relaciones. Nos facilita hacer planes, previsiones de futuro, organizar encuentros con amigos, calcular nuestras fuerzas para proyectos por venir.

Pero nosotros no somos tiempo, no somos nuestro pasado, no somos nuestro futuro. Somos presente. Para ver, oler, sentir, tocar y escuchar este precioso instante con todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos. ¿Dónde están tus pies? ¿A qué huele ahora mismo? ¿Qué escuchas en el lugar donde te encuentras? ¿Cómo es el tacto de la revista en tus manos? ¿A qué sabe este momento? No te dejes distraer, no busques explicaciones (la familia, el jefe, el dinero, el autobús que no llega), no te desconectes de ti mismo. Es más, te voy a proponer que pares un momento y mires para dentro. Al principio quizás esté todo oscuro, no se ve nada, tal vez una neblina. Ten paciencia y practica a menudo. Mira hacia dentro a la vez que mantienes todos tus sentidos conectados a este mismo instante, te estarás acercando a tu “yo soy”, a tu “naturaleza salvaje”. Te estarás alejando del estrés y la ansiedad que quizás sientes en ocasiones en tu vida diaria.

Aprovecha para reconectar con la naturaleza que se repliega y con tu cuerpo, que en realidad son una misma cosa. Cuida el mundo en el que vives y te estarás cuidando a ti mismo. Aliméntate sano, piensa positivo, vive cada momento intensamente. Tu actitud es la única que puede cambiar tu vida: déjate de excusas.

Sobre todo esto y mucho más, puedes leer en este número de Energía Vital.

Bienvenido otoño.

Beatriz Herreros