Beatriz Herreros

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Ayer una hoja seca y muerta cayó rozándome la cara mientras andaba por la calle. Al mirar hacia arriba vi unas ramas desnudas de las que colgaban todavía cuatro hojas amarillas.
Tan encerrados estamos en nosotros mismos que ni nos damos cuenta de lo que hay a nuestro alrededor. Pero es que tampoco prestamos atención a lo que pasa dentro de nosotros (si luce el sol, si nuestras raíces tienen suficiente agua o si se han caído las hojas de nuestras ramas).
Nuestros pensamientos se han quedado en un lugar que ya no es (el pasado) o salen corriendo hacia algún lugar que todavía no existe y ni siquiera podemos asegurar que algún día vaya a existir (el futuro).
Mientras tanto nos perdemos la oportunidad de gozar dibujando con el dedo en el coche cubierto de escarcha o de disfrutar mientras vemos llover a través de la ventana.
Si sientes que te escapas sin querer a alguno de esos lugares inexistentes, prueba a volver a este momento. Junta las palmas de la mano izquierda y derecha, tu lado masculino y tu lado femenino, tu parte lógica y tu parte creativa y espera unos segundos. Lo que sientes, es tu presencia consciente.
El solsticio de invierno es una puerta para dejar atrás tus miedos y abrirte a la voluntad del
universo. Comparte esta oportunidad con aquellos a los que más quieres. Estos días de fiesta regálales tu tesoro más preciado, tu PRESENCIA.