aranchaEl amor tiene literalmente la fuerza de mover montañas, sin embargo también puede crear daños irreparables cuyas consecuencias quedan grabadas a fuego en nuestro interior. Por eso el amor, inseparable de la entrega, debe ser revisado hacia fuera para no invitar a la persona tóxica que lo contaminará, y hacia dentro para que nuestras propias inseguridades no dañen a otros.

 

En primer lugar, quiero hacer notar algo que solemos olvidar, y es que el amor es de ida y vuelta, es decir, ha de ser correspondido: “Yo te doy, tú me das”. Esto no quiere decir que haya que devolver en el acto ni en igual medida, pero sí que estarás disponible para dar a la persona que en su momento te cuidó o apoyó. De lo contrario, nos convertiríamos en personas cínicas e interesadas, que reciben y lo celebran con alegría, sin tener en cuenta ni valorar lo que el otro ha hecho por nosotros.

 

En segundo lugar, el amor surge de la admiración. No se puede amar a quien no se admira, sea tu pareja o un amigo. Cuando la admiración cae, el amor lo hace en la misma medida.

 

Son conceptos asociados al amor los siguientes: amistad, ayuda, apoyo, cuidado, atenciones, entrega, motivación, solidaridad, gratitud, generosidad, protección… De manera que, si alguien te apoya, tú como mínimo has de tenerlo en cuenta y mostrar agradecimiento.

 

Debemos de una vez desterrar determinados tópicos, como que el amor es sacrificio, conlleva celos, es eterno o incondicional. Nada de esto es cierto. Si te cuesta esfuerzo, no es amor auténtico. Si produce celos, hablamos de posesión. No es eterno, pues debe durar mientras el estímulo esté activo; si no, sería dependencia. Y no es incondicional, pues de un modo u otro esperamos que la persona con la que nos hemos volcado, esté cuando la necesitemosarancha1.

 

Para que el amor sea auténtico, debe ser actualizado momento a momento y comprobarse si sigue vivo o tan solo estamos perpetuando una situación, que en el pasado sí fue verdadera pero que ahora se ha convertido en otra cosa.

 

Por eso, el amor responde a la pregunta CUÁNDO. ¿Cuándo debo entregar mi amor? Cuando la otra persona lo merezca y mientras dure ese momento. La persona lo merece cuando te sientes respetado, escuchado, te aporta y enriquece, no te miente ni manipula, te admira por ser quien eres sin pretender cambiarte y te ofrece un ESPACIO SEGURO donde puedas ser tú mismo sin necesidad de mostrarte diferente para ser amado.

 

Por todo ello, la finalidad del amor es la PERTENENCIA, pero esta jamás debe ser entendida como obligación, sino por el contrario estará formada por los seres que elijas en libertad y por afinidad. De esta manera, tú decides que en tu vida solo entren los mejores para así poder crecer juntos. Los más necesitados, que no quieren hacer nada para soltar su dependencia, deberán permanecer fuera de tu sistema. Esta es la única vía para evitar decepciones y desilusiones.

 

En general nuestra relación con la emoción “amor” es muy confusa, pues está cargada de creencias religiosas, sociales y culturales muy arraigadas, que impiden y limitan nuestra libertad de elección. De hecho, es muy común que entreguemos lo mejor de nosotros a los peores, a los que menos lo merecen, mientras que a los mejores, que son los que de verdad lo meritan, les ponemos pruebas y exámenes, a ver si están a la altura de nuestro amor.

 

Una gran parte de nuestros sufrimientos se podría evitar tan solo con revisar nuestra entrega. Porque más de una vez nos empeñamos en que nos quiera aquella persona que no lo merece, que nos daña, poniendo nuestro empeño y tesón hasta hacernos dependientes del maltrato y la humillación.

 

Si te entregas a quien no te respeta, te vuelves vulnerable y manipulable. Si lo haces con el victimista, que siempre se queja mientras tú pretendes salvarle, te convertirás en masoquista. Y si das tu amor al manipulador, acabarás padeciendo el síndrome de Estocolmo. Esta entrega errónea, en nombre de unas falsas creencias, crea un falso amor que atraerá a tu vida patrones similares y cada vez más conflictivos, de los que solo te liberarás si decides soltar tu dependencia de los peores.

 

Por todo ello, debemos ser cuidadosos con el amor y con la entrega. Vigilar el “cuándo” y “a quién”. La entrega debe ser primero a ti mismo y ese compromiso contigo es lo que te dará la fuerza para apartarte de lo que te pueda dañar o debilitar.

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