La palabra sacerdotisa  sin duda nos trae reminiscencias del pasado pero te puedo asegurar que está plenamente de actualidad. Hay palabras que marcan un antes y un después en tu vida y esta es una de ellas. La alta resonancia que tiene en tantas mujeres te hace plantearte si realmente no todas caminamos este sendero ya juntas en algún momento y estas 11 letras eran la señal para volver a unirnos y hacer este camino de nuevo juntas.

Una sacerdotisa es una mujer que decide caminar su vida de manera consciente, conectada con su plenitud, con su poder interior, con la felicidad del presente y eligiendo siempre la acera del amor.

Una sacerdotisa se reconoce como una buscadora de experiencias y emociones que la hagan evolucionar en su entendimiento de la vida y reconoce en este un sendero de maestría interior motivado por un profundo llamado de su alma.

Se reconocerá como el puente que siempre ha existido entre el cielo y la tierra y así conectará con sus pies desnudos sobre una tierra a la que llamará Madre y honrará un cielo que llamará Padre y le mostrará parte de su origen y su esencia.

Vibrará con una luna que la conecta con su potencial y bailará en las aguas de su útero experimentando no solo con su esencia sino con su pureza y gracia.

Esta mujer verá en sus semejantes las hermanas de esa madre que pisa y de la mano irán caminando, creando y sembrando lunas de deseos ya cumplidos.

En su camino se reconocerán como mentoras, maestras, acompañantes y nutridoras del silencio que las conecta con su potencial.

Sanarán sus heridas y entre todas crearán un mundo donde todos caminemos  de la mano. Los hombres reconocerán que son parte del camino, que siempre lo fueron y que solo juntos caminando en equilibrio crearemos ese mundo pleno que ambos soñamos.

La sacerdotisa será el nexo entre los hombres, lo herido y el nuevo mundo. Y es que como dijo el Dalai Lama: el mundo será salvado por la mujer occidental.

Así que si sientes el llamado de las 11 letras, de comenzar el camino de la sacerdotisa, deberás respirar hondo, hacer un voto de compromiso contigo misma e instaurar los pilares de tu nuevo mundo que serán: responsabilidad por todo cuanto sucede en tu vida, aceptación de lo que ésta te traiga y respeto por todo cuanto existe en tu realidad, ya sea físico, pensamiento o proceso ajeno.

Deberás re-educarte a nivel mental y emocional y conectar solo con las emociones de los éxitos conseguidos. Con un mundo lleno de amor donde las experiencias sean vividas tan intensamente desde la conciencia como desde la experiencia y así liberar sufrimiento innecesario.

Una sacerdotisa intuye como certeza de su alma que este mundo de aparente caos se transformará de un modo tan profundo que llegaremos a activar dones que creíamos inexistentes o dormidos.

Y así activaremos la telepatía cuando aprendamos a comunicarnos de manera asertiva y efectiva. Y sea nuestra energía, nuestra vibración quien hable y nuestro ser quien escuche.

Pero hasta que eso suceda la sacerdotisa perfeccionará el equilibrio también llamado “arte” entre hablar, saber escuchar y aprender a leer el silencio.

Desaparecerá el dinero cuando no lo necesitemos como maestro y valoremos lo que tenemos, damos y recibimos. Y nuestro poder interior  se despierte tanto como para no vender nuestros tiempos por esta energía, ya que reconociéndonos como co-creadoras de todo lo que nos rodea, crearemos nuestros recursos para una vida plena. Sintonizando así con toda la abundancia del Universo.

Una mujer que camina el sendero para convertirse en sacerdotisa se pregunta esto cada vez que se lamenta por su relación con esta energía llamada dinero. ¿Sus actos serían impecables en un mundo donde el intercambio fuera libre y al alcance de todos? ¿Seguiríamos cumpliendo con nuestras obligaciones  a nivel laboral? ¿Valoraríamos los recursos que tenemos y necesitamos en nuestro día a día y que aun pagando un alto precio, en muchos casos seguimos derrochando? ¿Seríamos coherentes entre lo que necesitamos y nos apetece disfrutar y lo que acumulamos sin motivo alguno?

Y “dejaremos de morir” cuando entendamos que la muerte no existe y que la eterna impermanencia es lo único seguro que ES en el Universo.

Dejaremos de sufrir por las pérdidas materiales o los maestros que salen de nuestra vida cuando entendamos que los apegos nos anclan a una realidad que es ficción y una obra teatral donde cada uno es protagonista y permite que sus compañeros de reparto entren y salgan con la libertad de su propio protagonismo.

Y esa mujer se convertirá en una verdadera sacerdotisa cuando entienda que en la vida todo es un acto de dar amor o de petición de amor. Y en cada experiencia que viva reconocerá esto, y dentro de sus posibilidades, sin perder su mayor tesoro que es su paz interna, optará siguiendo su intuición, por una acción u otra.

Y así su mundo será de presencia y plenitud, y cuando la consciencia es compañera de viaje las bendiciones y los regalos son tan solo parte del camino.

Con infinito amor, Inma Borrego.