Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie. Emily Dickinson

 

aranchaEn términos de emociones, el orgullo posiblemente sea la emoción peor tratada, hasta el punto de que llegamos a rechazarlo por miedo a manifestar prepotencia o sentimiento de superioridad. Como es habitual, el desconocimiento emocional ha arremetido directamente contra lo mejor de nosotros mismos porque el orgullo auténtico es la emoción que te pone en contacto con tu ser exclusivo, con quien eres en esencia, lejos de comparaciones o dudas. Nunca sabrás quién eres realmente, ni encontrarás el PARA QUÉ de tu existencia, mientras no te conectes con el orgullo de ser quien eres, con tus diferencias y originalidades.

 

Una persona desconectada de su orgullo es una persona que no cree en sí misma, que se mantiene apegada a los juicios ajenos, que necesita aprobación constante. Estas necesidades derivarán en una baja autoestima que la impulsará a rebajarse para conseguir algo de reconocimiento. El orgullo por defecto es disfuncional y se manifiesta a través de la sumisión, la falta de dignidad, el sentimiento de inferioridad o el servilismo. Todo ello es degradación del ser interior que irá desapareciendo a medida que se magnifica la necesidad de validación externa. Como sabes la necesidad implica carencia, escasez, por eso, cuanto más busques fuera, más te alejarás de quien eres en verdad y menos reconocimiento recibirás.

 

Otras personas sin embargo, optan por camuflar su debilidad vistiéndola de arrogancia, altivez, superioridad, prepotencia. Todos estos comportamientos soberbios se deben a una inflación del orgullo que algunos usan para sentirse por encima de los demás, haciéndoles sentir débiles o inferiores y así evitar que nadie roce una dignidad extremadamente sensible. Es una medida de compensación. La superioridad es la reacción a un sentimiento de inferioridad no resuelto. Quien no siente la inferioridad, no necesita exhibir su superioridad.

 

Muchos van por la vida pisando fuerte. En cambio hay otros que se rebajan como alfombras para que otros les pateen. Ambos comportamientos son disfuncionales y ambos se buscan entre sí. Unos porque necesitan sentirse superiores y dominando, controlando o juzgando creen que lo lograrán, y los otros porque se creen realmente inferiores, temen el rechazo o se culpabilizan y consideran que lo normal es que les sometan. Si tú no te dejas pisar, nadie podrá hacerlo.

 

Pero el orgullo auténtico se encuentra muy lejos de ambas opciones, ni por encima, ni por debajo. No eres más que nadie, pero tampoco eres menos. En la humildad está el equilibrio. Cuando eres tú mismo y te muestras sin máscaras, cuando te sientes orgulloso de ser quien eres y no necesitas fingir ser alguien diferente para que te aprueben, es cuando tu ser manifiesta su plena potencia. Ahí se encuentra tu poder y tu creatividad. Es tu centro, no precisas de falsos ornamentos que lo que hacen es debilitarte y enmascarar tu belleza. Nos educan para agradar, para competir y ser más que los demás, para sentirnos avergonzados ante los errores, egoístas si no nos entregamos a los demás. Pero hacerlo todo por obligación tiene un alto coste emocional y es que nos olvidamos de nosotros mismos y eso aumenta la inseguridad, la falta de autoestima y de confianza en uno mismo.

 

El orgullo auténtico es la energía que impulsa a la admiración. Todo aquello que suponga un crecimiento, una creación de cualquier tipo, una superación personal, un descubrimiento, una grandeza es digno de admiración. Porque no vamos a admirar al competitivo, al que pisa a otro por destacar, ni tampoco al ávido de poder, ni al que copia o imita sin atreverse a mostrar sus genialidades, ni al cobarde que intenta tapar el brillo de aquellos que no quieren ser tan grises como él. Por eso, para aplicar con bondad nuestro “orgullo”, la persona y nosotros mismos debemos ser merecedores de él. La admiración aborrece la envidia pues es exactamente lo opuesto. Dos polos que jamás se podrán cruzar.

 

El orgullo auténtico nos permite crecer y transformarnos para elevar nuestra talla humana. Gracias a él podemos imaginar, fantasear, inventar, descubrir, crear. Su propósito es la admiración hacia dentro y hacia fuera. Es la emoción de la superación, de la valentía y de la decisión. Nos conecta con nuestra autenticidad. No se compara, no se mide, no compite, no juzga, no quiere tener razón, no pretende dominar ni controlar porque no lo necesita. Sabe que puede mostrarse tal cual porque se reconoce y valora por ser exactamente quién es. Tú has nacido con orgullo auténtico. Si lo crees perdido, recupéralo y hazlo cuanto antes. No te humilles ni mendigues más, tampoco te pongas por encima para tapar tus inseguridades. Todo eso es dañar profundamente a tu ser interior. Empieza a ser tú mismo y deja que te reconozcan como eres, libre de miedos y de juicios ajenos.

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