Aunque habite en un hotel por pocos días, me gusta tener flores en la habitación. Las flores tendrían que estar en todas partes, casi obligatoriamente. Crean un medio de comunicación entre la imaginación y lo real. Al observar las flores, por un momento te olvidas de todo. Por si acaso tienes circunstancias no favorables a tu bienestar, ahí están a tu lado: al nacer, en los enlaces, en el paseo, en los momentos de “te recordaremos”. Nos dicen en un breve mensaje de dónde venimos, lo que somos, y a dónde vamos. La información es sutil. Dice la novelista Craig Nova: “Los momentos que siempre recordaremos, llegan de repente, sin hacer ruido”.

 

Ayer: Brote. Hoy: Esplendor. Mañana: Recuerdo.

 

¿Cuál es la flor más preciosa? La que te mantiene abstraída más tiempo. La verdad es que, el recuerdo que dejan de color, olor, forma, volumen y armonía es efímero pero intenso. Antes no podía ni ver que se marchitaran. Una flor chuchurría es poco atractiva, parece mentira que haya sido flor. Las miro y pienso: “¡A dónde llegamos después del esplendor!” cuando intento compararme con las flores como ser perecedero del universo que soy. Las flores siempre traen algo bonito, no tiene que ser un amor exactamente. Llevar flores crea símbolos de cortejo, de amor, de victoria, de enlace, de recuerdo, de que te gustan simplemente, por ejemplo.

 

Salí de la habitación y pregunté en recepción dónde había una agencia de viajes, pero no pregunté por una floristería – daba por supuesto que habría bastantes-, pero me costó encontrar una. No en todas las ciudades se cultiva el “amor a las flores”. Sí, a la gente le gustan, pero no para tenerlas diariamente en un florero, por ejemplo. Me compré un gran ramo. Cuando volví al hotel me dirigí al restaurante y las puse en la mesa. Uno de los camareros que me tomaba nota de la bebida, directamente me felicita.”¡Gracias!” dije. “No creo que cumpla muchos”, dijo mientras anotaba mi pedido. “Hombreeee…” “¿Va a comer sola o ponemos algún cubierto más?” “No, por ahora no”. El otro camarero que vino a tomarme nota de lo que iba a comer me dice: “¡No puede ser que esté sola con ese ramo en el día de su cumpleaños! ¿Viene alguien más?” “No, todavía no.” ”¡ Vaya!, quizás tarde”. Cuando ya me disponía a abandonar la mesa, los dos camareros se abrazan delante de mí y me preguntan: “¿Acaso ha elegido a uno de nosotros para compartir su ramo? Nos sacrificamos el uno por el otro. Fíjese bien, yo soy mas guapo” “Yo más feo pero más alto. Por favor, díganos”. Y yo, en pie con mi ramo empiezo a contar en medio del restaurante: pinto, pinto, gorgorito….. Dije: “Lo siento me es muy difícil elegir. Otro día que lo tenga más claro os lo digo”. Los dos hicieron que lloraban. Con lo bonitas que son mis flores no me apetecía compartirlas. Y me dirigí a pedir la llave de mi habitación y un florero.

 

En ese momento en recepción, al verme con el ramo me vuelven a felicitar. Y me preguntan “¿Se va de viaje con el que le ha regalado el ramo?” “Puessssssssss, probablemente”. “Que tenga un buen día”. “Muchas gracias, ya lo estoy teniendo”. Al coger el ascensor, igualmente me felicitan. Al llegar a la habitación observé las flores y así como el que no quiere la cosa les hablé: “Gracias a vosotras no he parado de tener una sonrisa hasta este momento. Qué bien me lo he pasado, pensé que iba a comer sola y en silencio…… y me he encontrado con una situación super simpática”.

 

Al día siguiente en el desayuno, con sonrisa picarona me preguntaron: ”¿Ha pasado buena noche….?” “De las mejores”, dije yo. Y se fueron sonriendo. “Y ¿el que le ha regalado las flores no baja a desayunar?” “No, está exhausto”, digo, “tiene más obligaciones”.

 

Visto el éxito y la situación, esa mañana fui a comprar otro ramo; los camareros me felicitaron con otro matiz, y se dieron por vencidos. “Ya nos hemos dado cuenta de que no va a elegir a ninguno de nosotros, pero se la ve muy feliz.” “Pues sí, esto va bien”. Sonrieron picaronamente.

 

¿Donde terminarían mis flores? Nadie lo sabe. Pienso que si alguien se las ha llevado por no tirarlas, ¿le pasará alguna situación similar a la mía?. Como dije antes, las flores son un medio de comunicación entre la imaginación y lo real. Y todo lo que me ha pasado en este relato fue real gracias a la imaginación de otras personas.

 

Hojarasca sin barrer