A pesar de ser especialista en gatos, lo que quiero expresar hoy puede aplicarse a cualquier especie. El tema y origen de este artículo se basa en el comportamiento que hemos desarrollado los seres humanos alejado de nuestra conexión con la naturaleza, vegetal y animal, lo que provoca que apliquemos conductas que no son las más adecuadas y/o se interpongan en la comunicación con nuestros animales.

Mi visión se aplica más al mundo felino, pero creo firmemente que es igualmente válida para perros y otros animales. Los perros, a pesar de conservar su instinto internamente, han pasado por una gran cantidad de cambios genéticos, además de haber acompañado al hombre bajo un rol y una utilidad que satisface al humano. Esto ha provocado la desnaturalización de la esencia y la posible comunicación con ellos. Sin embargo, si aplicamos las observaciones que os propongo más adelante, podremos restablecer esa esencia y la comunicación florecerá por sí sola.

Esta conexión con la naturaleza que nos gusta llamar instinto es algo muy prominente en gatos, ya que aunque ellos se adaptan a vivir con nosotros, conservan casi de forma intacta su “naturaleza felina”. Ellos no están domesticados y a veces nuestro intento de crear confort, ayudar y “darlo todo por ellos” puede ser más perjudicial que beneficioso.

No intento decir que no debemos darles cariño y confort a nuestros gatos, sino que esto no satisface al animal como podría satisfacernos a nosotros. Los humanos, que vivimos en comunidad, buscamos el abrigo de un hogar, de amigos, de familia y nos apegamos a esto, creamos necesidades y buscamos una vida “tranquila”. Sin embargo, nuestro modo real de vivir, se encuentra bastante alejado de este ideal y, por lo general, vivimos apresurados, cansados, consumiendo y buscando la felicidad en objetos. Las consecuencias de este modo de vida hacen que no veamos lo simple, no usemos el sentido común que todos tenemos y que nuestros instintos estén anestesiados.

Como consecuencia de esta situación, se crean apegos y necesidades que no son reales y creemos que estas son las mismas necesidades que tienen cubrir nuestros compañeros animales. Pero, si nos detenemos a observar esas necesidades, podremos ver que la mayoría de las cosas que creemos necesitan nuestros animales son cómodas y bonitas para los humanos. Incluso la comida. Sin embargo, aquellas cosas que realmente son necesarias para ellos, como crear rutinas de juego, enriquecer el ambiente y cambiar la forma de alimentación, quedan casi en segundo plano o, en todo caso, si cuadran con la decoración del hogar o no son molestos.

Entonces, ¿cuál es la consecuencia de todo esto? Esta forma de comunicarnos es la fuente de casi todos los problemas de comportamiento en gatos. Por eso, cuando invito a cambiar esas rutinas y esas conductas, el cambio aparece como por arte de magia. Entonces, la persona que convive con los gatos comenta, “ahora puedo entender los mensajes de mi gato”, cuando antes solía decir, “mi gato lo hace a propósito para hacerme enojar”. Ese cambio producido en el humano cambia automáticamente la respuesta en el felino que, ahora, se hace entender. A partir de aquí, abrimos una puerta que no deja de sorprendernos, que no deja de enseñarnos nuestra propia conexión con la naturaleza y que podemos aprovechar para aplicar a nuestras vidas. Nuestro instinto es una gran parte de nuestra confianza y cuando digo que un gato debe usar más su instinto es que necesita confiar en sí mismo.

Entiendo que al principio sea difícil aprender a comunicarnos con nuestros animales como antes, desde el instinto, pero existen terapeutas que usan distintos métodos de aproximación para ayudarnos, aunque nos pueda parecer increíble.

Por último, quiero dejaros con una propuesta para practicar en casa con vuestro gato o perro. Sentaos a observar a vuestro animal e intentad imitar sus movimientos. Aunque os de vergüenza, permitíos romper esas barreras utilizando señales de calma como el pestañeo y la mirada no directa, como lo sonidos y la voz baja. Evitad utilizar esos gestos de amor y de caricias que llamamos “achuchones”, solo imitad y repetid lo que veis y oís. Cuanto más seguido practiquéis, más rápido empezaréis a entender a vuestros animales y ellos comenzarán a hablaros de otra manera, a su manera.

Y ya sabes, si por cualquier motivo no puedes generar este cambio, puedes pedir ayuda a un especialista, y así podrás ver lo gratificante y desestresante que puede ser comportarse como un animal de vez en cuando, en el buen sentido de la palabra.