NUBE enrique valenzuelaEn el artículo de este número, queremos reflexionar sobre el origen de las dificultades en las que se encuentra el hombre actual dentro de las relaciones de pareja y proponer un camino para superarlas.

El movimiento feminista de los años 60 influyó en que el hombre pudiera alcanzar una mayor ternura y capacidad de reflexión, lo que permitió que pudiera descubrir y desarrollar más su lado femenino. Esto puede considerarse un gran avance, pero ese desarrollo no ha traído consigo un hombre más libre y más feliz: se trata de un chico bueno que contenta a su madre y a su compañera.

Ese hombre suave “New age” es encantador, ecológico y está en contra de la guerra, pero en muchos casos no se no se siente realizado ni feliz. Estos hombres preservan la vida pero no la generan, y paradójicamente, y a menudo, buscan compañeras más poderosas. Se trata de un hombre superior a su padre, partidario de la armonía del universo, pero con poca vitalidad que ofrecer y que, a la larga, defrauda a su mujer y a sus hijos.

Los hombres querían mujeres más duras y a las mujeres, inicialmente, les convenía este hombre suave. Lo que parecía una buena solución, hoy sabemos que no funciona.

El hombre suave ha aprendido a ser receptivo, pero evita cualquier conflicto ya que no es capaz de afrontarlos con firmeza.  Es capaz de consolar y escuchar a su pareja pero anestesia sus deseos y es incapaz de expresarlos ni conocerlos y mucho menos defender una postura. Había aprendido a no lastimar a nadie a costa de no permitirse nunca expresarse con convencimiento y seguridad. Confunde el desapego con la renuncia al deseo, el cual pasará al subconsciente como frustración con toda su carga destructiva, originando el bypass espiritual.

EL HOMBRE SALVAJE

Cada varón tiene en lo más profundo de su psique, oculto en su alma, a ese hombre salvaje que le produce miedo y que no se atreve a sacar al exterior. Establecer el contacto adecuado con ese hombre  que tanto nos asusta, pasa por profundizar en esa asignatura pendiente a la que no quisimos enfrentarnos cuando elegimos ser niños buenos para contentar a nuestros mayores. Si el hombre pretende alcanzar su verdadero potencial, este trabajo de profundización será inevitable.

Cada hommasculinidabre debe encontrar a su manera la llave que le dé acceso a su propio poder. Hay que vencer el miedo a lo primitivo, a lo irracional, a lo peludo o sexual, a la intuición, a la emoción, a la naturaleza.

¿Dónde está esa llave que conduce al hombre a su forma salvaje o primitiva?

Para explicar esto, debo hacer mención a la obra de Robert Bly, líder de los “movimientos de hombres” e inspirador de esta nueva visión de la masculinidad.

¿Dónde está esa llave?…. Está debajo de la almohada de la madre.

Coger esa llave requiere mucho valor. El lecho conyugal es el lugar donde la madre hace el amor con el padre y es, además, donde los padres guardan todas las expectativas hacia sus hijos. La mención al “valor” es importante porque el trabajo de la madre consiste en educar al hijo, por lo que un simple “Mamá, dame la llave” no servirá. Ninguna madre que se precie entregaría la llave voluntariamente a su hijo porque es consciente de que, de este modo lo perdería. Debe ser el hijo quien sepa robarla y, en definitiva, merecerla. A lo largo de su vida, cada hombre tendrá diferentes oportunidades de robar esa llave y, en ocasiones, tras hacerlo, volverá a ponerla arrepentido debajo de la almohada, ya sea de su madre o incluso, la de su compañera.