Luis Rojas

Estas poesías están inspiradas en tres ejercicios que propone la Biodanza, un sistema en el que la integración humana es uno de los principios básicos. Las fuerzas Yin y Yang se encuentran en cada ser humano, son complementarias entre sí e, integrándolas, se llegan a disipar límites, a suavizar rigideces y a abrir nuevas perspectivas para la vida.

Danza Yin

Con suaves y lentos movimientos de nuestro cuerpo,

nos permitimos contactar con nuestro interior,

con nuestra más sensible intimidad.

Llamamos a la profunda emoción.

Es la sabiduría ancestral en nuestras células,

que nos conectan con el ser sagrado que somos,

que nos rememoran nuestro mundo femenino,

que nos abren las puertas de la inspiración.

Nos enlazamos dulcemente con nuestro ser celestial,

con nuestra propia luz,

gestando la unión con la inmensidad,

alimentando el amor.

Somos perfectos en estado puro.

Almas brillantes,

descendientes de las estrellas,

esencia pura de vida.

Danza Yang

Somos impulso creador de vida,

un movimiento intencionado siempre hacia delante.

tenemos el coraje de la raza humana,

el arrojo y el ímpetu primordial.

Con la sabiduría de saber quiénes somos,

convertimos nuestras ilusiones

en trozos de realidad.

Nos expresamos libres, intensos, presentes.

Somos masculino, somos acción.

Vamos en busca de lo concreto, de lo real.

Vamos a expandir nuestra luz,

fecundando los espacios, llenando los vacíos.

En la paz serena de la determinación,

somos uno con la audacia y el valor,

damos el paso para llegar triunfantes

a la conquista de la existencia.

Danza de la Garza

Asentado en la tierra que me sostiene,

asisto al nacimiento de mis propias alas,

soy testigo del prodigio, me transformo en levedad,

llega la libertad.

Con un ligero movimiento que parte de mi pecho,

me voy haciendo liviano, etéreo.

Me elevo hasta las cumbres del mundo,

adueñándome de cada momento, deseando vivir.

Desde aquí cambian los colores, las formas.

La serenidad me acaricia con suaves mantos transparentes.

La inspiración toca mis fibras más sutiles.

Llega la alegría,

me vuelvo a enamorar de mí mismo,

me miro en mis ojos para reconocerme

brillante y puro,

para recordarme sagrado.