¿vicenteTe sientes hecho polvo después de comer? ¿Necesitas dormir siestas de dos horas y aun así te levantas sin energía? ¿Te notas pesado, sufres flatulencias, hinchazón o sobrepeso? Es muy posible que tu cuerpo se haya vuelto intolerante a algunos alimentos y tus órganos se encuentren colapsados y hayan disminuido su rendimiento.

Estas sensaciones son muy comunes y tienen su origen en el funcionamiento deficitario de los órganos en la fase en que el cuerpo está digiriendo los alimentos. El abanico de síntomas ante esta disfunción es muy amplio y heterogéneo: desde los ya mencionados relacionados con la pesadez y la somnolencia a otros que no asociamos directamente a la función digestiva como migrañas crónicas, mal humor, alergias no alimentarias, candidiasis, dolores musculares, problemas con el sueño, mal olor corporal, etc.

Las intolerancias alimentarias en muchas ocasiones pasan desapercibidas porque pese a que ralentizan el funcionamiento de nuestro organismo no llegan a colapsarlo totalmente ni generan alergias. Nos sentimos sin energía y no nos encontramos bien del todo. En realidad, esta falta de vitalidad tiene su origen en que nuestro cuerpo necesita invertir energía extra en el proceso la digestión y asimilación de los alimentos a los que somos intolerantes. Esta disfunción nos resta energía para llevar a cabo las otras funciones vitales, sobretodo la intelectual. Es entonces cuando nos sentimos superados y acabamos viviendo a ralentí.

Por suerte, estotrigos problemas tienen solución. Nada mejor que el verano para rescatar esta energía extra que necesitamos emplear en digerir y poder recuperarla para su empleo y disfrute en otras funciones vitales. Es posible reconducir esta energía extra y eliminar en gran parte los síntomas que ahora te molestan y que nos indican que algo no anda bien. ¿Cómo? Muy sencillo: deshazte de los alimentos a los que tu cuerpo se ha hecho intolerante.

¿Cómo podemos detectar los alimentos intolerantes?
El test de resonancia realizado con el aparato Mora Super Plus nos permite chequear nuestra tolerancia de hasta 200 alimentos diferentes. Se trata de una tecnología procedente de Alemania desarrollada por el Dr. Franz Morrel y el ingeniero Erich Rasche con el fin de neutralizar las frecuencias patológicas. El examen es sencillo, rápido, eficiente y no invasivo. Los resultados se evalúan de modo personalizado porque a pesar de que dos personas puedan mostrar un mapa sintomatológico parecido, es muy probable que las causas de estos desarreglos sean distintas. Cada persona tiene su propio patrón y por tanto no es posible hacer generalizaciones en el tratamiento sin una valoración personalizada.

Por ello, se comprueba, de forma paralela en qué situación y nivel de funcionalidad están los órganos productores de enzimas y otras sustancias digestivas que tienen una repercusión directa en la función de descomposición de los alimentos y asimilación correcta de los nutrientes y que resulta necesario asegurarse de que segregan de forma correcta, si bien en algunos casos podría ser necesario apoyarlos con nutrientes (oligoelementos, minerales, vitaminas…).

Una vez detectados los alimentos intolerantes y la eficiencia de los órganos, se emite un diagnóstico que nos ayudará a cambiar nuestros hábitos alimenticios. Entonces, bastarán unas semanas para empezar a sentir que estamos mejor y que hemos llegado a tiempo a la operación más importante: la del rescate de una energía que es nuestra y que queda libre y al servicio de aquello que deseamos.