Esa maravillosa capacidad de saber sin conocer, es la intuición. Me gusta verla como un super poder, una capacidad extrasensorial con la que nacimos las mujeres, maravilla de todos los tiempos, pero esa no es la verdad. La intuición no es ningún atributo excepcional, es un don al cual podemos acceder todos los que estamos en este plano físico y que hemos recibido en plena y absoluta potencialidad, tanto hombres como mujeres.

Es cierto que la intuición está fuertemente vinculada a la mujer, mientras que el hombre difícilmente incluye la palabra “intuición” en su vocabulario frecuente. Pero eso no obedece al género sino a lo construcción cultural que se ha hecho acerca de lo que son el hombre y la mujer y sus roles. Todos los seres humanos tenemos un componente energético femenino y masculino y de la armonización de ambos depende nuestro equilibrio emocional y mental y, en consecuencia, la capacidad de realizarnos y hacernos seres plenos. La intuición es un atributo de la energía femenina, la cual ha sido duramente silenciada y castigada en los hombres de nuestras sociedades, lo que explica su dificultad para conectarse con ella. El hombre que se está gestando en este tiempo, más sensible y perceptivo, nos sorprenderá.

La función de la mente es evaluar, medir, ponderar y cuantificar, y la del corazón sentir. Hemos permitido que la mente ocupe cada vez más espacios, incluso los que no le son propios y, es por eso, que el sentir se nos hace esquivo. Habiendo silenciado la voz del corazón, la vida se torna errática y aunque hayamos alcanzado los objetivos que desde la mente vislumbramos, la vida se percibe estéril y vacía, como todo lo desprovisto de corazón.

Imagínalo, tan lindo, siempre sonrosado y bombeante. Es realmente muy apasionado y quiere que vivas las experiencias que te harán expandirte y crecer. El corazón te habla constantemente, tratando de indicarte el camino y conducirte a tu destino Es portador de un mensaje preciado que debe comunicarte. Sin embargo, tras años de haber sido sepultado con gruesas capas de razonamientos lógicos, ya no consigue la forma de contactar contigo.

Para que la intuición vuelva a ti debes invitarla. Sólo hazle saber que llegó el momento de volver. Consigue ese lugar interior de silencio y tranquilidad en la práctica de tus oraciones o meditación diaria y háblale a tu corazón. Dile que estás dispuesto a escucharlo y que lamentas haber sido sordo a sus consejos y no haberle dado el valor que le corresponde en tu vida, pero que hoy sabes que lo necesitas y tienes la valentía para escucharlo y seguirlo. No importa las palabras que emplees, sino la sinceridad de tu pedimento y el amor que pongas en tu intención. Permanece unos minutos poniendo la atención en tu corazón y sintiéndolo, incluso lleva ambas manos a él en un gesto como una caricia, que les recuerde a ambos su necesidad mutua. Realiza este pequeño ejercicio cada día y empieza a hacer presente a tu corazón a la hora de tomar cada decisión en tu vida. Verás que con el tiempo tienes la agudeza necesaria para percibir su mensaje y el coraje para ponerte en marcha y seguir su consejo, incluso opuesto al dictamen de la razón.

No te prives de este don. La pregunta que debes hacerte en este momento es ¿creo que soy poseedor de una sabiduría infinita que yace en lo profundo de mi corazón y que me llevará a vivir una existencia plena de propósito y significado? Si es así, ya sabes quién tiene las respuestas.