aranchaLa alegría es ese estado emocional que a todos nos gustaría mantener, como una constante en nuestra vida. Nos recuerda a aquella infancia en la que sonreír, divertirse, disfrutar era tan sencillo como natural. Lo que no recordamos muy bien es dónde hemos dejado esa espontaneidad, cómo hemos pasado de vivir el presente sin más preocupaciones, a la ansiedad por un futuro que anticipamos gris o incluso negro; por qué antes nos resultaba tan fácil olvidar y ahora lo difícil es perdonar y superar un pasado que golpea sin piedad nuestra mente.

La alegría auténtica consiste simplemente en fluir con la vida sintiéndote libre. Es soltar los pesos y las cargas que no te corresponden, es abrirte a recibir los regalos inesperados que a cada momento la vida te ofrece, es encontrar verdad, la verdad sobre ti, y no negarla, ni rechazarla, porque la verdad es lo único que verdaderamente te libera. Por tanto la alegría es sinónimo de presente, de soltar, de apertura y de experimentar la sensación de libertad. Solo desde ahí se puede alcanzar la finalidad de esta emoción, que es la plenitud.

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Pero, ¿qué nos separa de ese estado de felicidad? ¿Por qué se nos resiste tanto?

 

En primer lugar se encuentran los miedos: el miedo a los cambios, a lo novedoso, a lo desconocido. Es curioso, pero si te paras a pensar, sin duda recordarás que todo cambio experimentado en tu vida ha sido para mejorar, ha sido necesario, como mínimo te ha impulsado a superarte, a retar tu comodidad. No conozco a nadie feliz cuando la rutina le aplasta, cuando nada nuevo le sucede, por tanto el miedo a los cambios es un miedo falso. Ábrete a lo desconocido como si de un maravilloso regalo se tratara y prepárate a disfrutar.

 

En segundo lugar está el poder que has otorgado a tu mente, que te sumerge en una tristeza plagada de negatividad. La mente busca resolver problemas, y en esos casos juega un papel importante. Pero si no existe en tu presente un contratiempo y has delegado el mando de tu vida a tu mente, esta creará infortunios, desastres y fatalidades en tu imaginación que creerás como reales, anticipando consecuencias que no tienen porqué ocurrir. Esa anticipación de un futuro indeseable es falsa. Disfruta tu presente renunciando a la mente, y recurre a ella solo cuando un obstáculo real atenace tu fluir.

 

En tercer lugar encontramos la resistencia a soltar un pasado que ha dejado huella, que ha causado algún dolor en tu ser. El resentimiento es el gran enemigo de la felicidad. Mientras no aceptes que cualquier situación que haya ocurrido en tu vida, por muy dura que esta sea, ha sido necesaria para tu evolución, no hallarás el reposo ni la paz. Elegir el camino del rencor es una opción en la que tú decides permanecer o de la que tú decides liberarte. Suelta esa falsa rabia que te enferma y experimenta la elevación de tu ser en contacto con el perdón.

 

En cuarto lugar, los deseos de poder y control. El ego insiste en tener todo bajo su mando, para sentirse poderoso. Te han inculcado que la vida es dura, que hay que esforzarse y sacrificarse; por eso no puedes permitir que las cosas sean fáciles, que no tengas que estar encima, no soportas la pérdida de autoridad. Ese orgullo falso te hace creer que si lo consigues gobernar todo serás feliz, cuando lo que origina es una perpetua insatisfacción e inseguridad. Libérate del control y atrévete a fluir, sorprendiéndote como un niño, de lo fácil que llegan las cosas a tu vida, están ahí solo para que tú las disfrutes.

Si quieres entrar en contacto con tu estado de alegría y bienestar natural, has de tomar conciencia de aquello que tú mismo haces para impedirla. Cambia tus patrones mentales y recupera la ilusión. Disfruta de cada amanecer, de cada sonrisa, de cada imprevisto, de cada sorpresa. Sé tú quien decida ser feliz, pues nada ni nadie lo puede impedir.

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