En cada estación y, sobre todo, cuando llega la primavera revisamos armarios y renovamos vestuarios. Sacamos la ropa y aireamos los rincones oscuros para eliminar ese gas radón cancerígeno que se acumula en ellos. Esta primavera, te propongo ir un pasito más allá en lo que podemos llamar un programa personal de dos etapas:

 

  1. Limpiar tus propios rincones oscuros.
  2. Iluminar tu cuerpo con nuevas técnicas de belleza.

 

¿Suena frívolo y superficial? Pues no debería. Si hay una terapia buena, bonita y hasta barata en relación a la salud, es la belleza. Porque sentirnos guapas, y guapos, es sinónimo de pensamientos positivos y de autoestima. Con ellos podremos tomar decisiones valientes que nos ayuden a avanzar y  que se conviertan en nuestros mejores aliados para vencer cualquier dificultad y enfermedad. Sí, dije enfermedad porque sentirnos bien eleva nuestro sistema inmune y despierta ese poder sanador o médico interno que todos tenemos. No es fábula, sino ciencia. Nuestro cuerpo tiene en sí mismo todas las herramientas para restaurar el desequilibrio que introduce la enfermedad.

 

Vamos a por el primer paso: Limpiar tus propios rincones oscuros. Si una de las cosas que más agradecemos de la primavera es que se alarguen los días y se llenen de luz, piensa en la forma en la que puedes llevar esa luz a tus pensamientos y emociones; también a tu cuerpo.

 

Durante el invierno, y como tal podemos nombrar a la enfermedad tanto física como emocional, se acumulan residuos de oscuridad que hoy te proponemos airear. Imagina una habitación en la que no ha entrado la luz durante un largo tiempo, fría, cubierta de polvo, incluso con mal olor. Así se encuentran muchas veces los rincones de nuestra mente. Llena de pensamientos negativos, derrotistas y hasta destructivos. Cuando lo cierto es que la realidad es la que es, sin duda. Pero la manera en que la percibimos influye directamente en nuestra capacidad para gestionarla y cambiarla. Una visión pesimista nos hará creer que la realidad es inmutable. Un visión optimista nos permitirá encontrar soluciones mágicas para hacer posible lo imposible. ¿Resultará siempre? No. Pero nunca sabrás cuáles son tus posibilidades hasta que lo intentes.

 

Así que abre las ventanas y permite que el aire se renueve en ti, incluso si aun hace un poco de frío. Revisa tus pensamientos. Más de setenta mil al día y la mayoría repetidos. ¿No te cansas? ¿A cuántas cosas llevas meses dándoles vueltas sin llegar a solución alguna? Es el momento de tomar una resolución y actuar o de dejarlos ir y centrarte en otras cosas. Te propongo que escribas cuáles son esas cosas a las que le estás dando vueltas. Seguramente se puedan contar con los dedos de la mano… aunque a priori parezcan un mundo. Vamos a ir una por una. Da igual que se refieran a un asunto de vida o muerte, literal, o que te parezcan una tontería. La cuestión es que ocupan tu mente y debilitan tu energía y tu salud. Así que ahora que tienes la lista, vamos con tu primera preocupación. Pregúntate: ¿Tiene solución? Si es que sí, la siguiente pregunta es: ¿Depende de mí? Si aquí también la respuesta es que sí, elabora un plan de acción y ponlo en marcha en un tiempo límite. Deja de pensar y empieza a actuar.

 

Pero si la respuesta a cualquiera de las dos preguntas anteriores es que no, entonces pregúntate: Si no estuviera invirtiendo tan ocupado dándole vueltas a esto, ¿qué estaría haciendo? Sea la que sea tu respuesta, ponte en marcha y hazlo. La mejor alternativa a los pensamientos obsesivos es la acción. Así pues, actúa.

 

Como la belleza, la acción desencadena la producción de energía y la liberación de endorfinas. Sea cual sea el resultado, ganemos o perdamos, nos sentiremos al mando de nuestra propia vida y eso, sin duda alguna, mejorará también nuestro estado físico y mental.

 

¿Y para el segundo paso? Iluminar tu cuerpo con nuevas técnicas de belleza. Bueno, ¿me vas a negar que te estropea el día descubrir esos pantalones que ya no te quedan bien porque engordaste o mirarte al espejo y no verte buena cara? Seas hombre o mujer, la imagen de nosotros mismos que el espejo nos devuelve condiciona cómo nos sentimos frente al mundo y frente a nosotros mismos. Igual que empezamos a pensar que no es frivolidad aprender a gestionar nuestras emociones, tampoco debería serlo aprender a gestionar nuestra imagen. Descubrir aquellas prendas que nos favorecen en cada momento de nuestra vida y se alinean con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Cuidar de nuestro cuerpo por dentro con lo que comemos y por fuera con los productos cosméticos y de limpieza que empleamos. Saber usar los colores que nos favorecen y en el caso de las mujeres, aprender a maquillarnos con sencillez y eficacia.

 

Como seres vivos que somos buscamos nuestro bienestar y, ¿me vas a negar que te sientes bien cuando te sientes guapo/a?