laura fotoNunca me había planteado realmente qué significaba eso de sentir compasión por los demás. Intentaba sentir empatía, escuchar, averiguar qué siente el otro… pero siempre me pareció que tener compasión del otro era algo así como apenarse por él.

Y entonces un día me encontré sintiendo compasión hacia mi padre, un sentimiento para mí indescriptible ahora mismo, sólo puedo decir que vivía su tristeza y debilidad, sentía las capas de protección de un ser con una gran debilidad. Entendí su rencor hacia el padre que tuvo y que catalogaba como débil. Y así comencé a plantearme si ese sentimiento había que tenerlo hacia el mundo circundante. ¿He de vivir cada emoción de las personas cercanas? ¿Es eso ser humano? ¿Es posible vivir todas esas emociones y sobrevivir uno mismo? ¿Tiene sentido? En mi experiencia os voy a decir que de pronto empecé a hacerlo, empecé a tener ese sentimiento nuevo para mí y empecé a sentirme viva, real, aquí y ahora. Empecé a dejarme fluir en los sucesos que iban ocurriendo, a ser observadora de lo que pasaba a mi alrededor y a encontrarme dentro del circuito del universo en el que todos fluimos decidiendo nuestras vidas. Para mí era como, de pronto, tener la certeza de vivir, de ser verdaderamente humano, de estar en este plan fantástico que te acuna para siempre, tomando consciencia de que hay una corriente pura que te lleva ahí dónde haces falta, para ti y para los demás.

La compasión es el sentimiento humano que más nos une, te une al otro como si fueras tú mismo. Te hace darte cuenta de que eres el otro al mismo tiempo de que todos somos uno. La compasión es lo que ayuda a ligar todo ese entramado, esa red energética que te hace estar en este mundo.

Entonces, llegado este punto, pensé que vivir es sentir y observar a los demás, es dejar entrar y salir las emociones como un toroide, cuyo centro es el punto cero, y que se expande en todas direcciones y regresa de nuevo al punto cero de la creación. Y al mismo tiempo, vivir es darse cuenta de que toda esta amalgama entra y sale de tu cuerpo y tu ser, así que tú mismo vas limpiándote, regenerándote, reconstruyéndote una y otra vez en un eterno movimiento toroidal.

Después de esta reflexión me siento aquí y ahora, tomando consciencia de ello y sirviendo a los demás como a mí misma, porque en el fondo, empezamos a saber que es lo mismo.

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