Este año la primavera empieza el día 20 de marzo. Como toda la energía del 2017, este equinoccio viene marcado por el elemento Fuego: este día tenemos cuatro planetas en Aries (Sol, Urano, Mercurio y Venus) y tres en Sagitario (Luna, Saturno y Lilith).

La primavera es el momento de los nuevos comienzos, energía que corresponde al signo Aries, el primer fuego, el que enciende, el que se puede apagar pronto si no se mantiene. Aries es el signo que se relaciona con la identidad personal, con el aprender a existir, a manifestar quiénes somos y a poner límites para preservar nuestro espacio personal.

Este equinoccio nos invita a meditar sobre los patrones de la infancia que nos han llevado a construir nuestras máscaras, a elevar nuestras barreras para no ser atacados y para ser aceptados por la “manada”. El área donde se centra este trabajo es justo el de los grupos. Cada uno de nosotros aprende a interpretar un papel: hay quien siempre se ofrece a hacer todo en busca de reconocimiento y aceptación, quién se aísla para no ser dañado, quién siempre es polémico, el gracioso, el callado…¿Cuál es nuestro papel? Nos aferramos a esta identidad que creamos de cara a los demás. Muchas veces es difícil salirnos de ciertas dinámicas, nos quedamos atrapados en ellas y aunque muchas veces nos quemamos, representan nuestra zona de confort. Muchas veces nos frena el juzgarnos, el preocuparnos de lo que pensarán los demás en el momento en que cambiamos, tenemos miedo de exponernos, un miedo atávico a la exclusión, a la soledad.

Esta primavera nos invita a descubrir quiénes somos, a quitarnos  las máscaras y los roles que hemos elegido interpretar en esta vida, consciente o inconscientemente, para reinventarnos desde la creatividad.

 

Este 2017 nos enseña que somos los dueños de nuestros propios destinos, así que ¿por qué encasillarnos en un papel y en una imagen fija de nosotros mismos, cuando podemos reinventarnos cada día? La clave está en vivir este cambio por un lado desde la empatía y la comprensión, hacia nosotros mismos y hacia los demás, ya que pueden sentirse desconcertados, y por otro con alegría, con humor, dándonos cuenta de que solo somos actores en el escenario de la vida, que no pasa nada si nos equivocamos, que realmente no hay errores, sino aprendizajes.

El fuego de Sagitario, signo donde encontramos la Luna, Saturno y Lilith, es el fuego que ilumina y también el fuego de la alegría, que nos recuerda que podemos escoger entre actuar en una tragedia, o mejor, en una comedia.

En esta época de cambios tan abruptos e imprevistos nos ayudará relativizar todo, no tomarnos demasiado en serio, cambiar de perspectiva y aprender a reírnos más de nosotros mismos y de las situaciones. Este cambio interior individual se refleja en un cambio en la manera de trabajar dentro de la colectividad: nuestro destino es aprender a estar en grupos donde todos se expresan tal y como son, con una actitud libre de juicio y de exigencia, desde la alegría de compartir y de enriquecernos el uno al otro.

Este poder está en tus manos, ¿te atreves?