Este año, la primavera empieza el día 20 de marzo, cuando el Sol entra en el signo de Aries. Esta primavera está caracterizada por unos cambios planetarios importantes: después de 7 años, Quirón deja Piscis y entra en Aries el 17 de Abril, mientras que Urano entra en Tauro el 15 de Mayo, en correspondencia con la Luna Nueva de Tauro.

Esta primavera está especialmente marcada por el elemento Tierra, recordándonos la importancia de volver a reconectar con la naturaleza y con el planeta del que somos parte. Es necesario volver a reanudar los lazos que nos unen con la Tierra, después de unos siglos de ruptura de la conexión con la naturaleza, en los que el hombre se ha relacionado con ella desde la dominación, la violencia, la explotación. La Tierra es un elemento femenino y la relación que como especie hemos tenido con ella refleja cómo ha sido tratada la energía femenina hasta ahora. Es tiempo ya de sanar y equilibrar las dos energías y esto pasa por aprender a respetar, amar y conocer nuestro planeta y sus leyes.

Nos hemos desconectado tanto de la naturaleza, y de nuestra naturaleza, que nos creemos separados de ella. Vivimos desde la razón y la ilusión de una vida moderna y evolucionada, pero en el fondo todos sentimos una profunda soledad interior y un sentimiento de separación. Conectar con la Tierra es sentir que nuestra madre nos protege, nos cobija y nos provee de todo lo que necesitamos. En ella podemos descansar en nuestros “inviernos”, cuando nos sentimos más débiles y vulnerables y necesitamos recargar nuestras energías. A ella podemos entregarle todo lo que necesitamos soltar, puesto que ella lo acoge y lo transmuta a través de sus ciclos de vida-muerte-renacimiento.

Tierra, también, es nuestro cuerpo y funciona bajo las mismas leyes. Necesitamos volver a escucharlo, sus ciclos y sus ritmos que son los mismos que las estaciones y los ciclos lunares. Es importante dejar de explotarlo y violarlo, exigiéndonos y destruyéndonos. Tenemos que empezar a ser más amables con él, tratarlo con cariño, desde la alimentación y los productos que utilizamos, hasta el movimiento y los cuidados corporales. Al igual que con la Tierra, tenemos muchos desequilibrios en la manera de cuidar nuestro cuerpo, pasando de la falta de cuidado al exceso que se convierte en una obsesión y en la trampa de autocastigarse y exigirse. Por ejemplo, con la alimentación, hay personas que intoxican su cuerpo con una dieta llena de aditivos y sustancias químicas mientras que otras, se obsesionan con una alimentación desequilibrada, en la que no comer determinados alimentos muchas veces se convierte en un fanatismo y una obsesión que acaba siendo una toxina más peligrosa que la física.

Por otro lado, estamos acostumbrados a una vida o muy sedentaria, donde no se tiene en cuenta la actividad física que el cuerpo necesita, o demasiado acelerada, con un exceso de deporte y actividades físicas donde se fuerza el cuerpo. Tratémoslo con más cariño, más amabilidad y, sobre todo, más suavidad. A veces, pensamos que necesitamos “meternos caña” para obtener un efecto beneficioso, pero esto, una vez más, se convierte en una manera de tratarnos mal, cuando lo que realmente todos necesitamos es más dulzura, más cariño y despertar nuestra sensibilidad.

La sanación de la energía femenina, así como la masculina, pasa por dejar de exigirnos y explotarnos, reconociendo y manifestando nuestra vulnerabilidad. Solo de esta manera podemos llegar a ser auténticos y a conocer quiénes somos. En nuestra pequeñez está nuestra grandeza, en nuestra vulnerabilidad nuestra verdadera fuerza.

En esta primavera, reconecta con la Tierra, con tu Tierra.

Consume más responsable, vuelve a ser parte de los ciclos de la Tierra reciclando de manera creativa. Pasa más tiempo en la naturaleza, observando y disfrutando del contacto con las plantas, el suelo, las rocas. Cada vez que estés triste o cansado, entrégale tus preocupaciones y tus dolores a la Tierra. Pasa más tiempo con tu cuerpo, tu templo, hónralo acariciándolo, cuidándolo y mimándolo con cariño.