Después de un 2017 de fuego regido principalmente por el signo Leo, entramos en 2018 con una energía más conectada a los elementos femeninos Tierra y Agua.

En 2017 hemos aprendido a hacernos dueños de nuestra vida, a sacar nuestro brillo interior y a manifestar nuestro ser. Todavía este trabajo sigue durante el 2018, con una serie de eclipses en el eje Leo-Acuario, y con los nodos lunares en el mismo eje hasta noviembre. Este eje es el eje del poder, malinterpretado y mal utilizado durante siglos hasta ahora.

Sin embargo, la energía de este 2018 se centrará en el eje Cáncer-Capricornio, el eje de la familia, y de la herencia.

En este año tenemos la oportunidad de transformar el concepto de poder, cambiar la historia de dominación y violencia. El trabajo consiste en comprender que el verdadero poder viene de amarnos a nosotros mismos, confiar en nuestro ser y manifestarlo al mundo con orgullo. Cuando brillamos, somos una luz que puede iluminar a otros desde la generosidad y la apertura de corazón.

En este año, el eje Cáncer-Capricornio nos enseña a comprender nuestra herencia, es decir, de dónde venimos. En primer lugar, debemos comprender nuestro árbol familiar, nuestros antepasados, todo lo que hace que seamos quienes somos. Esto incluye  nuestra herencia genética, nuestro ADN, y la herencia familiar, los patrones de comportamiento, costumbres, maneras de pensar, educación y los bloqueos transmitidos. Este trabajo se extiende a todo lo que hemos recibido a nivel social, lo que hemos aprendido sobre nuestra historia, lo que hace que pensemos que el mundo funcione de determinada manera.

Este año todo esto puede que se revolucione. Es probable que aparezcan nuevas verdades, que se destapen cosas ocultas hasta ahora, nueva maneras de ver la historia y que esto lleve a crisis de identidad. Por esto es importante estar abiertos a nuevas maneras de ver la vida y a reinventarnos fluyendo con los cambios que aparezcan.

En 2018 hay unos importantes eventos astrológicos que acompañan estos cambios: en primavera Urano entra en Tauro y Quirón en Aries. El anterior cambio de signo de estos planetas fue en la primavera de 2011, cuando Urano entró en Aries y Quirón en Piscis, acompañando un nuevo despertar social. Aunque estos cambios afectan principalmente a nivel social y planetario, podemos revisar en nuestra vida qué ha pasado en estos últimos 7 años, hacer un repaso de este ciclo y ver cómo nos hemos transformado a través de las pruebas que la vida nos ha ido presentando.

En este nuevo ciclo, habrá una vuelta a la naturaleza, a lo salvaje. Consideraremos nuevas maneras de relacionarnos con el planeta, tomando conciencia de la importancia que tiene cuidar del planeta que habitamos y de que todo lo que le hacemos a la madre tierra nos lo hacemos a nosotros mismos. Nos daremos cuenta de cómo lo que está dentro, está fuera y lo que está arriba, está abajo, comprendiendo la conexión entre nuestro cuerpo físico y el planeta, y de cómo funcionan de la misma manera. Conectar con el cuerpo y con la tierra será nuestra ancla para sobrevivir a los cambios de la vida y a las crisis de identidad.

En otoño, Urano volverá a Aries unos meses más y Quirón a Piscis, dándonos una oportunidad más para concluir el trabajo inacabado del anterior ciclo, sanando nuestras heridas profundas de soledad interior, abandono y separación.

Este año es favorable para trabajar con las emociones, aprendiendo la lección del signo Cáncer y del elemento agua: el agua que no fluye, que no se mueve, se estanca. Lo mismo nos pasa con nuestras emociones, si las reprimimos, las rechazamos o nos apegamos a ellas, acabamos estancados y bloqueados. Esto se manifiesta en el cuerpo físico a través de molestias, desarreglos y tensiones al principio, que si se arrastran en el tiempo se convierten en enfermedades. Todas las emociones tienen una función y es fundamental reconocer cuándo aparecen para escucharlas, en lugar de reprimirlas. Cáncer nos enseña a conectar con nuestra sensibilidad, a manifestarla, y a tratarnos con más cariño, dulzura y suavidad, escuchando y permitiendo todo lo que aparece en nuestro interior.

En resumen, este año sé amable contigo mismo. Comprende de dónde vienes para conocerte mejor, sana tu árbol y tus heridas desde el perdón y la empatía y permítete ser plenamente tú.

Que este 2018 te traiga paz y plenitud interior.