DanielaEn nuestra sociedad actual, casi todos solemos experimentar una vida frenética y estresante.

 

Todos, antes o después, acabamos absorbidos por una rutina que nos obliga a ir deprisa y tenemos esa sensación de que no nos da la vida, de que no tenemos tiempo.

 

La mayoría de enfermedades y problemas físicos y emocionales son el resultado de esa forma de vida: contracturas y dolores musculares, problemas en la columna o cardiovasculares, ansiedad, insomnio, bruxismo, dolores de cabeza, etc.

 

Nos han educado para ser “productivos y eficientes” y para estar a la altura de lo que nos pide la sociedad. Tener un buen trabajo y hacerlo bien, ser buenas madres, tener la casa perfecta y además llegar a todo lo que debemos hacer a diario.

 

Y cuando tenemos tiempo, casi nos sentimos culpables si nos quedamos sin hacer nada, o nos da pánico quedarnos de repente “en blanco”.

 

Dejemos de lado por un momento esa forma de vida que nos hemos construido los seres humanos, y en la que nos hemos quedado atrapados. Miremos la naturaleza, la gran sabia que nos enseña todo lo que necesitamos aprender. La naturaleza que está en la madre tierra, en los animales y, cómo no, en nuestro propio cuerpo.

 

La madre tierra funciona y es abundante gracias a su naturaleza cíclica. En primavera y en verano la tierra trabaja y produce, pero en otoño se despoja, muere, y se regenera gracias al descanso del invierno. La agricultura cada vez más intensiva no tiene en cuenta estos ciclos y acaba explotando y empobreciendo la tierra.

 

Los ciclos de la tierra están influidos por dos energías: la solar y la lunar. La energía solar es responsable de las estaciones a lo largo del año, y de la alternancia entre luz y oscuridad a lo largo del día. La energía lunar es responsable de las distintas fases que cada mes influyen sobre el crecimiento de las plantas y muchos más procesos naturales.

 

Nuestro cuerpo, al igual que la tierra, también tiene esos ciclos. Nuestro sistema nervioso se compone del sistema nervioso simpático y parasimpático, dos energías como la solar y la lunar.

 SNA

El sistema simpático es el de la “acción”, que se corresponde con la energía solar y con la relación que tenemos con el padre y la autoridad. Es el sistema de respuesta ante situaciones de peligro: nos activa, produce adrenalina, aumenta los latidos del corazón y la tensión arterial, genera una respiración corta y superficial, bloquea la digestión y nos prepara para la “lucha o huida”.

 

El sistema parasimpático gobierna la “relajación” y se corresponde con la energía lunar y con la relación que tenemos con la madre y la receptividad. Responde sobre todo a nuestro inconsciente. Este sistema se activa para el descanso, baja la tensión cardiaca, promueve una respiración profunda y favorece la digestión.

 

Debería haber un perfecto equilibrio entre estos dos sistemas para un correcto funcionamento del cuerpo, para el equilibrio y la salud. Pero nuestro estilo de vida actual provoca una hiperactividad del sistema simpático e incluso en situaciones de reposo se queda activo. Por eso nos cuesta dormir o nos levantamos con el cuerpo dolorido, con tensión muscular y en la mandíbula.

 

Es importante que aprendamos a reequilibrar nuestro sistema nervioso sabiendo relajarnos, sin la necesidad de estar siempre ocupados haciendo algo, y manteniéndonos en contacto con nuestro cuerpo, disfrutando del estar y “no hacer nada”.

 

Para muchas personas puede resultar difícil y frustrante; por eso a veces no tienen éxito técnicas como la meditación o de relajación profunda.

 

Hay que ir paso a paso, primero aprendiendo a encontrar momentos, cada día o cuando sea posible, para permitirse no hacer nada sin sentirse mal. Permitirse estar tirados en el sofá un rato; darse un baño caliente, e ir despacio, saboreando el momento, estando en el “aquí y ahora”, dejando de pensar en las cosas que hay que hacer y de ocupar la mente. Basta simplemente con tomar un minuto para salir de la rutina y del vórtice de pensamientos para ver cómo está el cuerpo.

 

Este espacio vacío es sanador, regenerador e incluso creador. Muchas ideas creativas y soluciones a problemas pueden llegar en esos momentos en que no estamos preocupados o dando mil vuelta a las cosas. Este espacio nos conecta con nosotros mismos y con nuestra voz interior.

 

Permítete entrar en este espacio vacío, permítete simplemente SER.