Llegó suave y limpiamente, con el aliento cálido que da la paz y el sosiego. Llegó portando entre sus alas: luz, fuego y color como un cometa presagiando que junto a su presencia, su cola dejará rastro de mil gotas de purpurina. Traía consigo el azul del mar en calma, el anaranjado de los atardeceres, el brillo de mil estrellas errantes encendiendo la inmensidad.

 

Sopló suave sobre el hombre que trabajaba guardando campos en la noche, sobre los enamorados que se besaban mirando la luna, sopló a bordo del barco acariciando al marinero que miraba al horizonte sintiendo su hogar.

Sopló sobre el sueño del niño en su inocencia, sobre la madre que cela ese sueño para que nada lo perturbe. Sopló entre las copas de los árboles creando una coreografía perfecta arrullada por el sonido de las caricias en sus ramas. Sopló sobre los primeros rayos de sol del amanecer dejando que la madrugada y su manto plateado se recogieran con majestuosidad.

 

Sí. Llegó el solsticio de verano con toda la magia y misterio, con la promesa de largos días de sol y cortas noches de hogueras. Llegó con olor a jazmín y risas de niños como cascabeles inundando los patios, calles y hogares con su alegría. Llegó impregnando el cuerpo de la gente de deseo y sensualidad ante el roce de la piel canela tocada por el sol.

Llegó  y una vez más siento su misterio que me muestra que no sé nada, que no importa lo que digan los astrónomos queriendo explicar con matemáticas lo que mueve la inmensidad, que quieran atribuir a la lógica lo que escapa al entendimiento que el misterio sigue. Que no importan todas las teorías que nos ofrecen de todos sus paradigmas, paradojas, relatividad, singularidad… lo único real es que cada 21 de junio, el solsticio me sigue pareciendo un milagro de la vida y lo sigo viendo, con ojos de niña ante un espectáculo de fuegos artificiales, que se mueve llenando espacios que desde otras civilizaciones nos cuenta que no siempre hemos sido tan torpes, que hubo un tiempo que el hombre en vez de estudiar para la guerra usaba su sabiduría para descubrir nuestra verdad y mostrar que el universo está en nosotros y nosotros en el universo, y que todo vibra con la llegada de cada solsticio. Me preparo para la fiesta de quitarme la ropa y que el sol, el agua y la vida me inunden el alma.

Adela López García