aranchaMayoritariamente asociamos la emoción rabia a un estallido de ira que puede ocasionar destrucción en las relaciones, que rompe cualquier posibilidad de armonía, que acorrala y arrincona al interlocutor, que grita, insulta y manifiesta una vehemencia difícil de entender por los demás.

 

Esa rabia excesiva no aporta nada, tan solo corta cualquier posibilidad de entendimiento ya que no es racional, por eso se debe tratar dejando que la persona explote hasta que se relaje. Nunca hay que intentar llevar a la reflexión ni pretender calmar al iracundo ya que en esos momentos de furia, la mente y la escucha están ausentes y las palabras caerán en saco roto.

 

Sin embargo, quiero hacer un llamamiento a los beneficios de la emoción rabia cuando es utilizada y expresada auténticamente.

 

En primer lugar, la rabia es la única emoción que nos puede procurar justicia en nuestras vidas, incluyendo la igualdad de trato, relaciones equitativas y la convivencia dentro de una cultura que instaure valores éticos y justos. Esa es la finalidad de la rabia y para ello SOLO debe emplearse ante una injusticia, véase esta como manipulación, mentira, engaño, abuso o traición. Y aquí se acaba la lista. No hay más estímulos para la utilización de la rabia. Para hacer justicia cualquiera puede comprender que gritando o insultando no lo va a conseguir. Por eso, la emoción que estamos tratando para ser auténtica y lograr su finalidad ha de ser expresada con firmeza a la vez que con tranquilidad. Basta con manifestar un ASÍ NO seguido de un ASÍ SÍ para que los demás sepan cómo queremos las cosas.

 

En segundo lugar, la rabia es la emoción que nos energiza y nos llena de vitalidad, pues es la que moviliza la energía de nuestro cuerpo y nos pone en acción. De hecho las personas que contienen los motivos de rabia, que tragan y no expresan, que justifican las manipulaciones, suelen tener ausencia de temperamento y vivacidad, están más bien apagadas al no permitir que la energía de la justicia y de la acción las vitalice.

 

En tercer lugar, la rabia es la responsable de nuestra salud. Las somatizaciones son energías no expresadas, no canalizadas que se quedan en nuestro interior congelando nuestra respuesta vital. Una persona que tolera abusos respondiendo con complacencia al maltrato experimentará cefaleas, vómitos, presentará una respuesta inmunológica mermada lo cual propiciará las infecciones. Al contrario, si la persona manifiesta una ira o agresividad incontrolada padecerá diversas dolencias en el estómago como úlceras o acidez. Por ello, la rabia es también la emoción de la coherencia entre lo que uno siente que quiere hacer, lo que piensa y lo que finalmente hace. Cuando existe incoherencia, la persona se siente atrapada entre sus deseos y sus creencias e inevitablemente se produce un desenlace en forma de somatización emocional que puede agravarse hasta llegar a la enfermedad.

 

Ahora bien, ¿a qué se debe esa rabia explosiva o enfado que frecuentemente manifestamos?

 

Hay un hecho que solemos obviar, y es que no toleramos la pérdida, no soportamos el fracaso y casi de forma automática sentimos la injusticia ante estos estímulos. Esa no tolerancia al error concluye en la búsqueda de responsables fuera de nosotros, algo o alguien a quien culpar por no asumir que solo cada uno de nosotros tenemos en nuestra mano la posibilidad de resolver, de solucionar, de reparar y también de aprender de nuestros fallos. La no aceptación de las cosas como vienen crea una resistencia que se manifiesta en forma de rabia visceral. Esto crea una disfunción emocional: resentimiento, rencor y revanchismo, que se producen al sentir un exceso de rabia, en lugar de la aceptación del hecho en sí, que sería lo adecuado.

 

Por el contrario, el callar, mirar para otro lado, disculpar las mentiras, no reaccionar, no denunciar o jugar al niño bueno que queda bien con todos es un síntoma de defecto de rabia y de la incapacidad de activarse ante la injusticia. En este caso, la disfunción emocional que se produce es el sentimiento de culpa, que en grandes dosis puede llegar a la depresión, y se debe a una rabia que al no ser expresada  se vuelve contra uno mismo haciéndole sentir culpable.

 

Ni por exceso ni por defecto, si quieres ser justo contigo y que exista justicia en tu vida y en la de tus seres queridos, utiliza la rabia auténtica reaccionando en el momento ante las mentiras y manipulaciones. Permítete expresar tu ASÍ NO y ASÍ SÍ en libertad y con máxima tranquilidad. Los resultados no se hacen esperar.

 rabia