En nuestra vida diaria nos encontramos a menudo beaen situaciones que nos parecen sin salida. Relaciones bloqueadas en las que no vemos ninguna soluciónposible. Esto nos puede suceder en el trabajo, pero también en nuestras relaciones personales con amigos (cuando cada uno desempeña un papel del que no puede salir, por ejemplo, cuando uno siempre se comporta como la víctima) o en la familia (donde las relaciones son tan rígidas que nos es imposible introducir cualquier cambio o sentirnos con más libertad para ser “nosotros mismos”).

El problema en todos los casos es el hecho de entrar en una dinámica que no puede romperse y que se repite continuamente. Ambas partes consideran que tienen la razón y que es la otra parte la que debe cambiar, adaptarse y ser flexible. En este contexto es difícil que alguien tome una iniciativa nueva o piense en una solución alternativa, que normalmente es la más sencilla.

En estosempatia casos,un buen consejo es  intentar dar un giro a la situación y mirarla con nuevos ojos. No es necesario que hagas un gran gesto o que cambies tu manera de pensar y cedas ante la otra persona. Pero si lo que se espera de ti es que estés enfadado, apático o que reacciones de una manera determinada, sorprende al otro con una actitud positiva y abierta. Dale los buenos días antes de entrar en la discusión. Pídele las cosas de manera educada. Así se rompe el juego que a menudo todos seguimos peroque a nadie satisface. No nos gusta estar enfadados ni gastar nuestra energía vital en alimentar un enfrentamiento continuo. Pensemos en alguna alternativa para romper el círculo de desacuerdos y ofrezcamos a la otra persona la oportunidad de “desenfadarse” y así poder nosotros también salir de nuestro enfado.

Para esto también es muy importante trabajar la manera en que nos comunicamos. Queremos transmitir a la otra persona nuestro mensaje de lamanera más neutra posible, aunque no sea el deseado o esperado.Cuando te sientas provocado, acuérdate de respirar antes de contestar. No necesitas mucho tiempo para centrarte y evitar que la rabia o la cólera te controlen. Un segundo o una respiración son suficientes para recuperar la calma. Si estás en medio de una discusión que cada vez va a más, intenta imaginar que estás hablando a una persona a la que le tienes aprecio. Nunca le hablarías en esos términos, ¿verdad? Intenta salir de la situación y verte como un espectador. Te darás cuenta de que a lo mejor no es para tanto. O, al menos, verás que seguir por ese camino no es la mejor manera de solucionar el conflicto.Y por supuesto, evita las malas contestaciones y hacer un mal uso del lenguaje, tanto verbal como corporal (es mejor no levantar la voz, no escribir un mail usando solo mayúsculas, no cruzar los brazos mientras hablas con la otra persona, etc.).

Sin embargo, todos estos consejos no nos seránde ninguna utilidadsi no desarrollamos laempatía, es decir, la capacidad para ponerse en el lugar del otro, abrir el corazón y desear de verdad encontrar una solución al conflicto. Debemos ser conscientes de que resolver dicho conflicto no significa “tener razón”, “ganar” o “quedar por encima de la otra persona”. ¿De qué sirve tener razón si no puedes dormir por las noches o si has dejado de hablarte con un amigo?

Reflexiona sobre esto. No merece la pena tanto sufrimiento. Intenta mantener siempre una actitud amable hacia la otra persona y abierta a nuevos puntos de vista. Haz uso de tu creatividad para intentar imaginar una solución nueva que pueda ser aceptada por todo el mundo: ¡es cuestión de práctica!