reyesLas emociones están sumamente relacionadas con nuestro peso corporal, pues la grasa y los líquidos crean un muro de contención que nos mantiene alejados de la herida de nuestro niñ@ interior.

 

Si durante nuestra infancia hemos recibido ciertos tratos que nos han causado una herida más o menos profunda, en la edad adulta salen a relucir. Y al relacionarnos con nuestro entorno, esta herida puede abrirse a medida que interactuamos con todos los personajes que componen nuestra vida (familia, pareja, amig@s).

 

Hay distintos tipos de heridas que un niñ@ puede desarrollar en sus primeros años de vida. El niñ@ es muy delicado y sensible. Los adultos olvidan a menudo esa inocencia tan frágil y no tienen en cuenta que lo pueden herir ya desde su muy temprana existencia como huevo o zigoto.

 

Podríamos tomar consciencia de cómo se puede llegar a sentir un bebé recién fecundado cuando su madre/padre, asustad@, no ha aceptado la situación en el momento de la concepción, aunque finalmente el bebé haya llegado a término y haya nacido. Ese niñ@ se siente rechazado y en su edad adulta, desarrollará mecanismos de defensa frente a situaciones de rechazo. Desarrollará sobrepeso para así protegerse de todo lo que pueda causarle daño, pues esa capa de grasa, hará de escudo protector frente a la sociedad que lo rechaza.

 

Heridas hay tantas como personas, pero muchas reaccionan de la misma manera, protegiéndose en lugar de aprendiendo a canalizar la ansiedad que les producen estas situaciones. Por eso, las personas comen para así saciar esa ira, rabia o

 

 

simplemente comen sin consciencia, pensando en el problema que tienen en ese momento. Somos lo que comemos: si comemos mala energía, somos mala energía que se estanca y genera sobrepeso.

 

Si a nuestra herida de infancia (pues todos tenemos una, aunque sea mínima), sumamos que nos alimentamos en un contexto estresante, con pensamientos negativos, rodeados de un entorno que no es armónico a la hora de alimentarnos, etc., tenemos el cóctel adecuado para que aumente nuestro volumen. Así, las grasas que acumulamos son ese escudo rígido que nos protege del dolor emocional y las retenciones de líquidos, las emociones estancadas que nos impiden ser nosotros mismos. Según el lugar donde encontremos estas grasas o emociones, tendremos inforreyes1mación sobre de qué nos protegemos. Es aquí donde se unen la nutrición y la astrorreflexolgía podal, pues como astrorreflexóloga vengo observando este mátiz cada vez más acentuado en las personas que trato.

 

Si aprendemos a canalizar todas esas emociones y miedos, a comer con consciencia y alegría mientras cocinamos, lo que ya no nos hace falta irá saliendo de forma natural de nuestro organismo.

 

Para ello hay que coger las riendas de la vida con plenitud. Por suerte, cada día se nos brinda una nueva oportunidad para hacerlo correctamente.

 

Somos seres emocionales, debemos tener en cuenta que, además de ser lo que comemos, somos lo que pensamos, lo que sentimos y lo que no decimos.

 

Espero y deseo que mis reflexiones os hagan sentir que el sobrepeso no es ocasionado más que por falta de consciencia, por bloqueos emocionales desde la infancia y por productos procesados cargados de baja vibración que inflaman el organismo.

Si eliminas todo lo que es de baja vibración de tu vida, tu peso se restablece, y para esto solo necesitas de tu “autotrabajo”. Después de todo, la persona más importante de tu vida eres tú.  Lo mejor es darte mucho amor a ti mism@.

Para aumentar la vibración, reducir esos pensamientos negativos y poner un nuevo plato en nuestra cocina con el que deleitar nuestros sentidos, puesto que comer también es experimentar placer, os propongo la siguiente receta saludable.

 

RECETA DE HUMUS DE REMOLACHA

Ingredientes

  • Garbanzos en remojo con 1/2c de bicarbonato o garbanzos de bote ecológicos
  • 1/4 ó 1/2 remolacha
  • Ajo machacado con sal
  • Limón
  • Pimentón
  • Comino
  • Perejil
  • Tahín

 

Preparación:

Añadir al vaso batidor o thermomix o batidora, los garbanzos, la remolacha,  el tahín, el limón más el ajo machacado con sal. Molerlo todo. Si lo vemos un tanto espeso y esa textura no nos gusta, le podemos añadir un poco de agua.

Emplatar, lo podemos decorar con perejil, pimentón, comino y aceite de oliva.

Se puede acompañar con pan de pitareyes2