La naturaleza es extremadamente sabia y, como bien podemos apreciar, cada año nos regala cuatro épocas o cuatro estaciones. Empezando por la floreciente primavera, pasando al caluroso y rico verano, alcanzado por el dramático y renovador otoño y, finalmente o inicialmente, dependiendo del punto de vista, el abrazador y gélido invierno.

 

“Las estaciones ilustran las etapas o momentos de nuestra vida”,  Jim Rohn

 

Al este del continente asiático, específicamente en Japón, enumeran las etapas de la vida agrupadas por veintenas, y a continuación explico el motivo.

 

La primera siempre será la primavera. Esta empieza a contar en nuestra vida desde que nacemos hasta los veinte años. Es una etapa de pleno crecimiento físico, intelectual y emocional.  La semilla ya está sembrada y se preparará el terreno con cariño, conocimientos y muchos aprendizajes que servirán para el futuro. Aquí es donde nace una gran la ventana de oportunidad ante el desafío que nos deparará el año.

 

La etapa consecuente es el verano, contándose a partir de los veinte a los cuarenta años. Es una fase de plenitud, energía y mucha vida. Se caracteriza por ser una etapa de cultivo, donde se abonarán los nutrientes necesarios, agua, luz, alimentación, cuidando el debido crecimiento. En ella, descubrimos y gozamos de nuestro verdadero y rico propósito de vida.

 

¡Llegó el otoño! Se cuenta desde los cuarenta hasta los sesenta años. Etapa de supuesto decrecimiento físico y energético, pero nunca de sazón. Se deberá empezar a disfrutar de lo cosechado en las etapas anteriores y aprovechando los frutos, nutrir algunos nuevos, resguardando las semillas para lo consecuente.

 

Por último, pero no menos importante, el invierno, que transcurre de los sesenta a los cien años o más, ¡si hay suerte!. Es una bella etapa de auto reconocimiento y valoración, apreciando tanto lo cosechado como lo vivido. Se debe disfrutar la sabiduría adquirida, cuidando mucho la energía restante y sobre todo dejándose cuidar.

 

En definitiva, podemos apreciar que las cuatro etapas de la vida no tienen nada que ver con el tema económico sino todo lo contrario. Se trata de enfocarnos en lo bello e intangible, saboreando lo espiritual. Con esto quiero decir que no importa si has vivido etapas invertidas, primero una y posteriormente otra, lo importante es disfrutar todo lo que haya traído cada etapa a tu vida.

 

En conclusión, aunque las estaciones del año son inalterables y temporales, hay algo que sí podemos cambiar y somos nosotros mismos. Podemos aprender a vivir en el cambio, apreciar y agradecer plenamente cada momento para disfrutar de las etapas de nuestra hermosa vida. Y tú, ¿en cuál te encuentras ahora?