Todos aquellos que tenemos gato conocemos que este animal no es educable como el perro y que muchas de sus actitudes son cosas con las que debemos convivir. Así mismo, nos encontramos solos cuando un comportamiento se convierte en un problema para nuestras vidas como es, por ejemplo, cuando el gato hace pis fuera del arenero. Pareciera haber un abanico de soluciones, que al final solo intentan educar al gato que está haciendo algo “malo”, sin entender que somos parte del problema y gran parte de la solución.

Lo primero es darse cuenta de que un gato no hace las cosas porque sí, por venganza. Siempre hay un mensaje de fondo que demuestra una incomodidad, un sentimiento de vacío, una costumbre que le fue cambiada. Nos fijamos en que el gato ha hecho algo mal, olvidándonos de nuestras actitudes inconscientes. Jugamos con ellos con las manos de pequeños, pero al crecer ya no queremos que lo hagan porque nos hacen daño. Los desnaturalizamos con nuestros hábitos, aportándoles “seguridad” que solo es temporal hasta que cambian nuestras vidas por un nuevo trabajo o un nuevo miembro en la familia y pretendemos que lo entiendan sin más.

Cuando entendemos que la única energía que cambia en un ambiente cerrado como es un piso es la de los humanos que habitan allí, empezamos a entender el efecto que tenemos sobre las emociones de nuestro gato. He oído en mis consultas quejas de que el gato era muy nervioso y agresivo sin que su propietario se percatarse de lo estresado que estaba. A eso debemos sumarle las emociones que ellos traen, su propia mochila, y el hecho de que el hombre siempre ha estado  interviniendo en su naturaleza. Es hora de ser conscientes de los efectos que eso puede tener.

Con el tiempo, un comportamiento no resuelto puede derivar en enfermedad, al igual que en las personas, y de aquí surgen muchas de las enfermedades idiopáticas en gatos. Éste término hace referencia a que se desconoce la causa de una enfermedad y, de las enfermedades idiopáticas, la más conocida es la cistitis idiopática. Existen numerosas teorías anátomo-fisiológicas sobre cómo se produce, pero que dejan de lado la parte emocional que nos puede dar la verdadera pista. He tenido varias consultas de gatos con estos problemas y me he dado cuenta de que, a pesar de no haber una emoción concreta, siempre hay una sensación de “algo incómodo” entre alguna de sus causas. Son términos generales, pero que empiezan a demostrar que el gato está manejando una energía que no puede evitar, que le resulta negativa y que no sabe qué hacer con ella.

Normalmente, previos a la cistitis, se manifiestan una serie de mensajes que no somos capaces de ver hasta que empezamos a estar presentes con nuestros gatos. El vínculo que buscan los gatos es el de estar en lo que estás: si les acaricias, acariciales, nada más. El hecho de estar en el momento presente hace que te des cuenta de que son tus compañeros y las señales comienzan a aparecer.

El último factor dentro de un problema de comportamiento es la nutrición. Se dice que las personas “somos lo que comemos” y pasamos desde un pensamiento de comida “cómoda” procesada a lo fresco y natural. Sin embargo, avalado por la ciencia, a los animales les damos una “comida muy procesada” con supuestos “nutrientes” obtenidos de complejos alimentos. Les ponemos nombres de prescripción veterinaria y negamos todos los beneficios de la comida natural. Es una posición contradictoria que trae numerosos problemas de salud, especialmente cuando hablamos de enfermedades como la cistitis, la diabetes, las alergias y la insuficiencia renal. Pasamos de querer regular un sistema fisiológico, como es la formación de orina para que no forme piedras o convertimos al mejor aliado de un carnívoro estricto, la proteína, en su peor enemigo. Esto en la naturaleza no ocurre. Así aparecen enfermedades como la diabetes, una enfermedad de gatos cebados con el cereal que llevan los piensos, algo que en la vida libre no existe.

Teniendo en cuenta todos los factores que influyen en el comportamiento, estamos haciendo una verdadera medicina preventiva y eso involucra un compromiso con nuestros gatos que, además, nos mantendrá más alertas y asertivos, en el momento presente. Ésta es la verdadera gatoterapia.

En La Gatoteca, hemos tenido gatos con todo tipo de enfermedades idiopáticas que simplemente desaparecieron una vez encontrada la causa emocional. La que más me sigue sorprendiendo cada día es la alergia alimentaria y es la que más emociones de distinta índole me ha mostrado. Anímate a encontrar el porqué de la enfermedad o del “mal comportamiento” de tu gato. Prevenir es mejor que curar, ¿verdad?