belenLos seres humanos vivimos rodeados de símbolos aunque apenas nos demos cuenta. Forman parte de nuestra vida cotidiana. Vemos símbolos en las calles, en las plazas, en los puentes, en internet y en los medios de publicidad y todos ellos van calando poco a poco en nuestra psique.

Los símbolos constituyen un medio de comunicación y un puente entre dos realidades: la realidad humana, finita e individual y el conocimiento universal y divino, inconmensurable y holístico, cuyo lenguaje y cuyos mensajes están presentes en todos los seres humanos desde el principio de los tiempos.

Los símbolos activan y actúan en el hemisferio derecho del cerebro y nos sitúan en un plano de consciencia diferente a aquel en el que estamos acostumbrados a funcionar. Los símbolos anulan el hemisferio izquierdo y activan el derecho, abriendo así la puerta a otras dimensiones.

El hemisferio izquierdo es analítico, racional, lógico y objetivo.

El hemisferio derecho es emocional, intuitivo, ilógico y subjetivo.

El izquierdo ve. El derecho siente.

El izquierdo razona y el derecho motiva.

El izquierdo ve el árbol y se centra en la unidad. El derecho ve el bosque y se centra en el todo.

Ver este bosque es ver todo el conocimiento universal que ya está ahí, depositado en el símbolo.

Aunque la sociedad occidental ha vivido mayoritariamente con el hemisferio izquierdo, ahora la física cuántica está demostrando que todo está conectado y que existe un campo invisible al ojo humano que lo unifica todo. Podemos acceder a este conocimiento global y holístico a través de los símbolos.

Por eso, el símbolo debemos comprenderlo desde el hemisferio derecho del cerebro: sintiendo, intuyendo y percibiendo. Es importante evitar apresurarnos, dando interpretaciones del  mismo con el hemisferio izquierdo desde el primer momento intentando racionalizar lo que a veces no se puede racionalizar porque la verdadera magia y poder de los símbolos se da cuando dejamos que el símbolo actúe dentro de nosotros, habiéndose depositado su semilla en nuestro interior. Y es en nuestro interior, cuando ese símbolo activa algo y nos conecta con ese conocimiento universal que está presente en el Universo y por lo tanto también dentro de nosotros. Todo forma parte del Todo y todo está interrelacionado. Y eso solo ocurre cuando dejamos de lado la mente racional y nos “rendimos” al poder del símbolo.

Dijo Carl Gustav Jung, creador de los conceptos de “Arquetipo” e “Inconsciente colectivo”:

“Un símbolo insinúa algo no conocido aún […] Aparece solamente cuando hay necesidad de expresar lo que el pensamiento no puede pensar, o lo que solo se adivina o siente […] Un símbolo siempre representa algo más que su significado evidente e inmediato”

De ahí que los símbolos actúan en cada persona de una manera particular y no lo hacen siempre de la misma manera, incluso en la misma persona. Esto es debido a que las personas evolucionan y la información que el símbolo proporciona se adapta a las necesidades de la persona en cada momento, aunque la esencia del mismo siempre permanece. He ahí la verdadera magia del Símbolo.

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