Articulo de Carmen Alonso

El Masaje Tradicional Tailandés es una de las técnicas de sanación más antiguas que existen. Tiene su origen en los tiempos de Budha, hace unos 2500 años. Se piensa que fue uno de los monjes indios del entorno de Budha quien comenzó a desarrollar esta práctica.

 

A medida que comenzó a extenderse el budismo por otros países, también se extendió esta técnica y, gracias a la gran ruta comercial entre India y China, Tailandia fue influenciada claramente por estos países.

 

En el masaje tailandés, por ejemplo, podemos ver la influencia del Ayurveda (India). De aquí vienen los estiramientos que nos recuerdan a las posturas de Yoga.

 

La Medicina China ha conseguido enriquecer la Medicina Tailandesa con la estimulación de los puntos energéticos (llamados puntos marma), que se encuentran a lo largo de los meridianos energéticos o líneas sen.

 

            El masaje tailandés se recibe en un futón en el suelo y con ropa cómoda.

En una sesión se puede llegar a trabajar todo el cuerpo: espalda, piernas, pies, brazos, manos y cabeza. Utilizando presiones con manos, codos, pies… y otras manipulaciones como estiramientos, rotación y giro de articulaciones y tracciones.

 

            Unos de los principales beneficios de esta terapia, es la gran prevención que se consigue ante múltiples enfermedades, y el aumento de la capacidad de autocuración del cuerpo. De forma terapéutica, alivia el dolor y la inflamación muscula, alivia rigideces articulares, estira la musculatura y mejora la movilidad general del cuerpo dando mucha flexibilidad a todos los tejidos internos. También ayuda a mejorar y equilibrar todos los sistemas del cuerpo: digestivo, endocrino, circulatorio, respiratorio y nervioso.

 

A nivel mental, nos ayuda a desconectar de nuestros pensamientos llevando la atención al masaje, haciendo descansar la mente de ideas, preocupaciones y ayudándonos a conectar con nuestro cuerpo de una forma más consciente, consiguiendo una agradable sensación de paz y armonía.

 

            Al recibir este tipo de masaje de forma habitual, comenzamos a tener conciencia sobre nuestro cuerpo durante el día a día: somos más conscientes de cómo nos encontramos, aprendemos a escuchar lo que el cuerpo nos pide, dónde nos duele y a distinguir las emociones que nos afectan.

 

Qué mejor beneficio que aprender a escucharnos y ser más conscientes de nosotros mismos.