Toda mi vida se derrumba el día que hace dos años me diagnostican cáncer de mama con metástasis ósea en estado avanzado. El ego, aparentemente tan poderoso, se pierde ante las experiencias traumáticas que nos ocurren: enfermedades, accidentes, pérdidas…

Tras el shock inicial me desperté un día con la decisión de vivir el tiempo que me restaba. Pero, ¿cómo? Estaba claro que mi modo de vida anterior ya no me serviría. Ya no tenía sentido pretender llegar a todo e intentar ser la madre/hija/esposa/trabajadora/amiga perfecta. Es más, hacía tiempo que eso me agotaba y pensaba que debía haber otra manera de hacer las cosas.

Opté por descargar y dedicar más tiempo a aquello que me apetecía e interesaba.

Ya practicaba yoga y meditación, esto me ayudaba con los dolores óseos y después del diagnóstico creo que fue lo que me salvó de tirarme por la ventana. Seguí ese camino, meditando para aliviar mi estado físico y mental, indagando, leyendo y aprendiendo.

En dos meses estaba metida de lleno en talleres formativos de Coach, Programación Neurolingüística, Inteligencia Emocional, Reiki, Biodescodificación, Mindfulness, Constelaciones Familiares… Acudo a una terapeuta y a una fisio holísticas, hago cambios en la alimentación y también en los hábitos para eliminar tóxicos y favorecer la recuperación celular.

Mi verdad es que he comprobado que los patrones se pueden cambiar, que la plasticidad del cerebro es un hecho, que las emociones y las creencias actúan sobre el comportamiento de nuestras células. Que los hechos traumáticos se pueden llevar con una actitud positiva y responsable. Se empieza repitiendo conscientemente las fórmulas, pero llega un momento en que tu subconsciente y el de todo tu ser asimila la lección y pasa a formar parte de ti. Has cambiado tu programación y tu forma de ver el mundo. Tu entorno también cambia generalmente.

Un año después

Al año, el tumor del pecho desaparece y las lesiones óseas se estabilizan, ¡sorpresa!

Mi verdad es que la meditación y la plena conciencia han sido el pilar de mi crecimiento personal ayudándome a comunicarme con mis emociones y necesidades, a aceptar mi situación y a mí misma, a dar gracias por lo que tengo, a valorar y amar la vida hasta en el más mínimo detalle, a liberarme de miedos y juicios, a centrarme más en el camino y menos en el objetivo. Estos dos años han sido reveladores, me siento querida y realizada, y la paz interior que tengo no la habría imaginado.

Mi verdad es que ahora tenemos la suerte de poder unir los avances de la ciencia con las técnicas que han funcionado durante milenios, y ya sabes el dicho: la unión hace la fuerza.

Mi verdad no es la misma que la de mis maestros. Mi verdad no tiene porque ser tu verdad, búscala.

Namasté

Salma Nadi, pseudónimo