Hoy te invito a un viaje con cuatro paradas fascinantes donde disfrutar del regalo de SER HUMANO. Son tiempos de gran despertar y en la búsqueda de lo que ya somos, divinidad, olvidamos el regalo tan maravilloso que nos hemos hecho: la oportunidad de crecer disfrutando de nuestro paso por la Tierra.

Los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, moran en nosotros como hijos biológicos de la Tierra que somos. A ella debemos volver si deseamos completar nuestro viaje. Mis cuerpos inferiores, físico, mental, emocional y etérico, son los vehículos que necesito en mi viaje como humano en esta aventura de redescubrir la Divinidad que soy, en un plano tan denso como la Tierra. Y cada elemento está presente en mí en cada uno de estos vehículos.

Conectar conscientemente con los elementos en ti te conecta con tu parte salvaje, tu autenticidad y en consecuencia con tu divinidad.

Es momento de conectar y depurar esos vehículos de los hábitos y herramientas que ya no necesitamos portar. Hoy podemos elegir caminar y aprender desde el amor y no el miedo.

Primera parada: ELEMENTO FUEGO-CUERPO ETÉRICO.

Este elemento se corresponde con el verano. Son mis creencias, simboliza los cambios, la trascendencia, la capacidad de apasionarse y emprender. Puede crear o destruir.

Como ser humano, soy consciente de todas las memorias de dolor, miedo, abandono y escasez que porto y debo trascender. Los malos hábitos y las memorias negativas que este cuerpo poseen me alejan de mi divinidad y el elemento fuego me ayuda a conectar con esa faceta de mí y transmutarlas.

Durante los siete primeros años de nuestra vida llenamos el vehículo de nuestro cuerpo etérico con valiosas herramientas para esta vida. Y luego inconscientemente filtran nuestra realidad haciendo de nuestras opiniones un reflejo directo de esas creencias guardadas.

Otra parte de este vehículo contiene creencias de otras vidas y el inconsciente colectivo.

Parte de nuestro trabajo es reconocer mediante la auto-observación esas creencias y trascenderlas si éstas nos alejan de la persona que deseamos ser. Muchas de esas herramientas indudablemente serán maravillosas pero muchas estarán condicionando nuestras vidas de manera negativa.

No es lo que vivimos sino cómo lo vivimos. Nuestra visión muchas veces menguada de la realidad, rodeada de las necesidades y circunstancias del momento nos puede llevar a vivir algo natural como un drama y luego esta situación “nada relevante”, que olvidarás rápidamente, se habrá instalado a fuego en tu cuerpo etérico condicionando el resto de tu vida.

Nuestra mente inconsciente, donde van a parar esas creencias, saltará automáticamente como un perfecto sistema informático para avisarte de algo a lo que estar alerta. Es pura supervivencia.

En muchos casos nos lamentamos de las heridas que portamos y de las consecuencias que estas tiene en nosotros, pero debemos amarlas y abrazar el proceso de  sustituirlas amorosamente ya que están ahí, elegidas por nosotros, para crear ese caldo de cultivo perfecto y correcto que nuestro proceso consciencial necesitaba en este preciso momento.

No podemos vivir sin creencias, ellas forman la estructura de nuestra existencia en este plano, pero sí podemos sustituirlas por otras más sanas y por supuesto, todas las veces que necesitemos.

No temas soltar y sustituir creencias. Es parte del proceso natural de sanar y crecer.

Nuestra opiniones son nuestras creencias sobre las cosas, por eso no debemos imponer o discutirlas, aunque estas sean las de la mayoría.  Aboguemos una vez más al trabajo del respeto comenzando por no exponer gratuitamente nuestras opiniones si no deseamos tener que argumentarlas. Trabajo muchas veces que no nos conduce  a ningún lado.

Trascender opiniones y creencias es tan solo una pequeña parte del trabajo que todos tenemos, no hagas el trabajo de nadie. Permite que cada cual abrace e ilumine sus procesos del modo y en el momento correctos. Cada cual tan solo debe ocuparse del trabajo propio.

Yo soy yo y mis circunstancias, por lo tanto, revisa lo que te impide alzar tu vuelo y lo que te impide no seguir el llamado de tu alma y ahí encontrarás esas creencias ocultas listas para ser entregadas a la divinidad y sustituirlas por las que te llevarán al éxito.

Nuestro vehículo etérico, al igual que los demás, deben ser entrenados y no debemos permitir que nada por debajo de la vibración del amor los controle.

Recuerda: no existe un destino marcado, solo una programación que puede (debe) cambiar,  así que enciende una vela y pide al elemento fuego que te guíe en tu camino hacia la abundancia y la paz, TU ESTADO NATURAL.

Con amor, Inma.