Imagina que estás delante de una gran ventana y al abrirla ves un jardín lleno de vegetación y flores. Es verano y la brisa de la noche roza suavemente tu rostro refrescándote y trayéndote aromas mezclados. Cierras los ojos y te dejas llevar por el momento, el aquí y el ahora.

Sientes paz, armonía, no existe nada más que lo que estás experimentando. Ni teléfonos, ni ruidos, ni jefes llamando, ni pre-ocupaciones.

En ese instante, tu cuerpo mental, tu elemento aire está centrado en el momento presente, disfrutando del poder que tiene “el ahora” en nuestra vida. Pero como herramienta de nuestro ego que es, rápidamente se pone en acción “no vaya a ser que te olvides de lo que te tienes que ocupar”, y de repente esa brisa y ese dulce aroma se disipan y empiezas a sentir angustia y agobio por todo lo que tienes que hacer.

¿Qué ha cambiado de un instante a otro? Nada, tan solo primero acallábamos nuestra maravillosa herramienta que es la mente para disfrutar la experiencia física a través de los 5 sentidos y después dejábamos que ella tomara las riendas.

Por lo tanto, es obvio que en momentos de desaprender, es necesario que renovemos la relación que tenemos con nuestro elemento aire. Que aplaquemos a “la loca de la casa” y la re-eduquemos. Tranquilizándola, no hace falta centrar nuestra atención (y nuestra energía) en las obligaciones SINO EN LA EXPERIENCIA. Y lo que para ella es olvidar y entrar en caos, para nosotros es ocuparnos de cada cosa en su momento.

Esa loca de la casa tiene un potencial ilimitado y de su locura han surgido las ideas más geniales e innovadoras, pero debe estar equilibrada y serena.

Mente y corazón de la mano, en equilibrio. Cuántas veces nos decimos “la cabeza me dice una cosa y el corazón otra”. La mente suele movernos desde el miedo y el corazón desde la certeza. Y cuando elegimos desde el corazón, a la mente no le queda otra cosa que analizar y ver qué era lo correcto. Ampliando así nuestra zona de confort.

El discernimiento es la capacidad que tenemos de valorar una situación y tomar la decisión que sea más adecuada para el mayor bien de todos los implicados, pero para eso debemos mantener el equilibrio en nuestro elemento aire.

Salir de la zona de confort altera la mente que necesita controlarlo todo, pero volar es pura improvisación y, al igual que las aves, debemos planear y tan solo experimentar.

Cuando nuestra mente entiende eso, se relaja y utiliza todo el potencial que tiene.

 

Nosotros somos el observador, observa qué te muestra tu mente. Observa los pensamientos y tan solo déjalos ir…como el viento. Fluye como el viento, observa y discierne. Y cuando tu brisa interior te lleve a lugares de creatividad y crecimiento, pósate en ellos, aprende y sigue tu vuelo por la vida. La mente es una gran guía de nosotros mismos, pero debemos verla como una herramienta, no como la protagonista.

El elemento aire es masculino y debe estar equilibrado con el elemento agua, femenino. Nuestra realidad se crea a partir del equilibrio de nuestros pensamientos y emociones. El equilibrio entre ambos elementos nos convierte en observadores conscientes. Donde ves y no juzgas, donde ves y no te mueven emociones “negativas”, donde observas y creces.

Observemos nuestros pensamientos, equilibrándolos con amor y creando desde ese potencial infinito. Libérate de tu mente, la herramienta depósito de experiencias y pensamientos que crean tu realidad, y libera el miedo que nos desconecta de nuestra divinidad. Crea desde el gozo y la plenitud.

¿Cómo? Respirando. Es uno de los ejercicios más básicos, sencillos y poderosos que podemos realizar. Conectarnos con nuestra respiración, visualizar cómo el aire entra y limpia o que al inhalar, es el amor o la calma en esencia pura lo que penetra en nuestro ser.

Respiración y observación consciente, ho’oponopono, meditación…son nuestros aliados.

Así que tan solo respira…termina de leer estas letras y respira….

Con infinito amor, Inma.