Uno de esos días de dolor del mundo, de decepción del ser humano, pensé en escribir una carta a los Reyes Magos, luego la quemaría en unos de mis rituales para que el fuego lo transmutara en bien hacer.

Un pensamiento abortó la magia: “al fin y al cabo, los Reyes Magos son una creación consumista y todo está en mí, soy yo la que puedo transmutar mi sentimiento”  y más tarde una pregunta abrió otra posibilidad: “¿quiénes serían verdaderamente los Reyes Magos?

La curiosidad y mi tendencia a encontrar lo dulce de la vida, me impulsaron a buscar en las redes. De todo lo que leí, lo que me pareció más dulce cuenta que eran unos sabios magos de la Siria Mesopotámica que emprendieron largo camino con el sólo propósito de reconocer la nueva divinidad nacida en Belén y hacerle los honores con sus simbólicas ofrendas:

Oro: ofrenda de Reyes.

Incienso: empleado tradicionalmente en altares de dioses. Representa su naturaleza divina.

Mirra: con lo que los egipcios embalsamaban las momias. Representa su naturaleza humana.

Mientras investigaba, se repetía en mi interior el canturreo “todo está en mí”. Estaba tan enfrascada en los magos, que no me paré a escuchar.

Fue al terminar de leer cuando se encontró el canturreo, con lo dulce de la verdad y me susurraron: los seres humanos somos de la misma naturaleza divina y humana y tan soberanos de nuestras vidas como Jesús lo fue en la suya, ¿por qué no seríamos dignos de una ofrenda de magos ?

Y vino de un viejo archivo de memoria, la receta de esta esencia de oriente.

Me pareció difícil el cómo añadir el oro, pero no es verdad porque el oro lo pones tu con tu magia, con tu alquimia al 100%, de ahí no puede brotar más que oro.

Me paré por un instante y  me di cuenta de cómo mi  dolor del mundo había transmutado en bien hacer…¡maravillosa vida!

El próximo solsticio de invierno es momento propicio para poner en valor nuestra alquimia en la elaboración de esta ofrenda de magos para cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. Su composición integra cualidades calmantes, regeneradoras y curativas para la piel, relaja la mente y vehicula el estado meditativo y la creatividad.

ESENCIA DE ORIENTE  

Ingredientes

Aceite calórico corporal

100 ml de aceite de almendra

20 % de mirra (como 4 cucharaditas)

20% de incienso

100% Oro

 

Elaboración

Triturar con un molinillo de café el incienso y la mirra hasta hacerlos polvo. Verter el aceite de almendras (puede ser otro de tu gusto) sobre él, agitar con conciencia de lo que somos y dejar macerar dos meses, preferiblemente sobre un foco de calor (calefacción).

Durante este tiempo, es importante que lo agites con la misma conciencia todos los días que puedas. Al finalizar, se filtra y se guarda el aceite en un frasco preferiblemente de cristal y oscuro.

Tu cuerpo lo agradecerá después de la ducha o cuando lo uses para masajes.

Y tu gente querida también, como regalo de magos.