Somos seres ínfimamente sutiles, sensibles, emocionales, psíquicos y mentales. Nuestro cuerpo tiene la capacidad de guardar en sus células la información de todo lo que nos ocurre. También de todo lo que almacenamos, desde los traumas y bloqueos a nuestra verdadera esencia más pura y primigenia. Aquello que no liberamos, se acumula en nuestros campos energéticos y en nuestra psique, convirtiéndose en lo que llamamos sombra.

 

El sonido nos ayuda a equilibrar y armonizar nuestras emociones, nuestros chacras, la mente y el cuerpo. Existen las frecuencias de los llamados sonidos solfeggio y los cantos armónicos que nos ayudan a devolver el estado de salud al cuerpo vibrando en las frecuencias correctas. Pero la sanación a través de la voz tiene otras cualidades más profundas y desconocidas.

 

En antiguas civilizaciones, las egipcias, atlantes, indígenas y celtas entre otras, se usaba la voz y sus cantos para sanar, limpiar, canalizar o rendir culto a sus deidades. Los templos sagrados se sellaban cantando al unísono. Los campos astrales se protegían, los portales dimensionales se abrían para canalizar a las deidades. Incluso para defenderse de los intrusos se cantaban salmos que también se usaban para liberar a los espíritus atrapados, entre usos que desconocemos.

 

Todo este conocimiento se fue perdiendo en gran medida debido a las invasiones de otras civilizaciones y religiones que dieron lugar a un patriarcado que condenó aquello que no conocía y no podía controlar. Aquellas cualidades atribuidas al canto, a la magia y al conocimiento quedaron reducidas a los términos de encantamientos y brujerías. Es interesante descubrir que el origen de la palabra “encantamiento” deriva del latín incantamentum, y ésta de la raíz verbal incantare, compuesta a su vez de  in, con la idea de entrada, invitación y cantare, “cantar”, esto es, “por el canto”.

 

No obstante, todas las religiones siguen usando los cantos devocionales para alabar a Dios y para subir las vibraciones de sus templos. Conscientes o no del poder que tiene la palabra, el decreto, la vibración y la intención, esta sabiduría quedó impresa en nosotros. Guardamos esa memoria de cómo volver a usar nuestra inmensa capacidad creadora por medio de la voz.

 

Cuando cantamos, nos conectamos con lo más elevado de nuestro ser o con nuestras emociones más profundas, a veces enclaustradas y reprimidas. Podemos evocar a Dios o podemos penetrar en la más oscura sombra que guarda nuestra alma. En el fondo, ambos acercamientos son necesarios.

 

La vibración de la voz es una herramienta potente que puede inducirnos a un profundo trance hipnótico donde podemos liberar nuestras más profundas sombras, bloqueos y traumas. Permite evocar aquello que necesitamos liberar, conectar con la ayuda de nuestros guías, maestros y seres queridos, crear portales entre distintas dimensiones para sanar etapas de esta u otras vidas, para despedirnos y sentir a aquellas almas que ya no nos acompañan en esta dimensión y un sin fin de posibilidades que se abren ante nosotros y que nos permiten indagar en los misterios de la existencia y, lo más importante, conectarnos con quienes somos realmente, con nuestra esencia más pura y original.

 

Cada uno de nosotros nacimos en la tesitura perfecta para nuestro desarrollo personal, para hacer real la leyenda a la que estamos destinados a conseguir. Ese es el motivo de nuestra encarnación.

 

Estamos dotados de una voz, un poderoso instrumento que puede ayudarnos a sentir y expresarnos profundamente sin que la racionalización de la mente maneje o controle lo que sucede. A veces, es más efectivo emitir sonidos y conectarnos con el espíritu sin procesar lo que ocurre, pues la mente humana no puede entender ni controlar la inmensidad que nos rodea. Solo entrando en la vacuidad del vacío, la mente se abre a un lenguaje en el que nuestra alma puede integrar  la plenitud de su esencia. Abrir el corazón para abrazar nuestro ser tal y como es y escuchar el camino del espíritu. Para poder encarnar realmente nuestro ser divino en la Tierra.

 

La canalización y la sanación a través de la voz es un potencial inmenso que se va recuperando, una sabiduría antigua que vuelve a nuestro días para ayudarnos a reconocer quiénes somos realmente, la pureza de nuestro ser y a curar las heridas que cargamos por nuestras memorias colectivas.

 

Al igual que los registros Akáshicos pueden orientarnos sobre quiénes somos accediendo a la biblioteca de nuestra alma, mediante la voz podremos volver a traer aquellas semillas perdidas que nos ayuden a bucear en las profundidades de nuestra Alma, dando luz al inconsciente colectivo a través de la vibración de nuestra propia voz con conciencia.