Estás irritado, tienes sensación de ahogo, te falta el aire, tienes dificultad para concentrarte, nerviosismo, impaciencia… el futuro se te aparece sombrío, no ves luz al final del túnel, tu mente imagina un fatal desenlace, no puedes hacer nada…

 

Estos síntomas de ansiedad tienen sus causas emocionales, que consisten en anticipar amenazas irreales en la mente o en imaginar fatídicas pérdidas que se van a producir sin remedio. Por eso, el estrés y la ansiedad van de la mano: la persona se activa mental y físicamente para responder a algo que no ha pasado y que posiblemente nunca llegue a ocurrir. Todo lo que imagina la mente tiene un final desastroso o catastrófico, que va a convertir tu vida en pura pérdida de algo. Es la respuesta a una distorsión negativa de la realidad.

  • El MIEDO detecta las amenazas reales, conocidas, pone límites y obtiene seguridad. Cuando la amenaza es desconocida e irreal en el momento presente (preocuparse en exceso por la salud cuando uno está sano, por el trabajo, por el dinero…), estás anticipando que algo malo va a ocurrir. Puedes sentir angustia por percibir un futuro amenazante.
  • La TRISTEZA detecta las pérdidas reales (de dinero, de salud, de tiempo, de trabajo, de pareja, de expectativas), y desde la aceptación del quebranto, piensa y localiza soluciones inteligentes que las reparen. Cuando la pérdida solo está en tu imaginación, estás creando un futuro lleno de fatalismos a nivel mental. Ya das por hecho que el daño existe, que es real, por eso tu mente se dispondrá a buscar opciones, a pensar en bucle como una batidora, tratando de resolver algo que ni ha pasado ni tiene porqué ocurrir, y así el derrotismo se apodera de ti. Resultado de ello son la angustia y el estrés.

Perder la paciencia es perder la batalla. Gandhi

 

Vivimos demasiado preocupados, no somos libres sino dependientes y fundamentalmente dependientes del qué dirán, de la necesidad de reconocimiento, del estatus social. No sabemos valorarnos ni valorar lo que tenemos, no estamos en paz con nosotros mismos.

 

Lo que tenga que pasar pasará y lo que tenga que llegar llegará y siempre será en el momento perfecto para que tus aprendizajes sigan la evolución que tu ser precisa. Deja que todo ocurra de forma natural y sorpréndete al comprobar que tienes capacidades sobradas para enfrentarte a lo que la vida te traiga. Así, sí sentirás orgullo de ti mismo porque conocerás tu potencial ilimitado y nada temerás.

 

No me estoy refiriendo a que no hagas nada, a que te tumbes en un sofá y dejes la vida pasar. Por el contrario, actúa y reacciona según los estímulos o situaciones que se presenten en tu vida, pero hazlo en el presente, no viviendo de cara al futuro y todo lo que puede conllevar. Haz hoy lo máximo que puedas hacer hoy, pero no quieras resolver anticipadamente lo que aún no se ha producido. Una cosa es prevenir una pérdida o evitar que un daño vaya a más, y otra bien diferente es querer zanjar por anticipado una fatalidad que solo existe en tu mente como probabilidad. Es una forma de vivir inquieto e intranquilo siempre, sin sosiego posible, sin ninguna opción a sentir paz, con prisa, con impaciencia por ver resuelto algo sin sacar de ello un aprendizaje, sin hacer el camino que es lo realmente bello y fascinante de la vida.

 

Vive la realidad, no la alteres. No anticipes amenazas, ni fracasos, ni frustraciones, pues todas las experiencias las necesitas para progresar. En eso consiste la aventura de vivir. Vive tu presente con intensidad y pasión y no te lo pierdas por dejarte llevar por una mente que solo desea poder y control a costa de tu infelicidad. Tu ser decide, tu mente solo obedece.