alexandra“La tierra se viste de colores y la felicidad retorna por el camino del Sol”.

(Desconocido)

Sin color no hay vida, no hay arte. Cuando pensamos ¿qué sería de nuestra vida sin

color? ¿Cómo se desarrollan los procesos de la creación? Instantáneamente recordamos

que la vida sería imposible de concebir sin expresión cromática. Indiscutible mente,

todos los colores tienen efectos significativos en el bienestar emocional, físico y

espiritual. Por la misma razón, cuando pintamos un cuadro, elegimos nuestros vestidos

o decoramos la casa se percibe cual es nuestro estado emocional interno. Interpretar,

expresar y rodearse de color revela nuestras potencialidades subconscientes, talentos y

temores. Es por esta razón que, nosotros, los artistas vivimos a través de nuestras obras

cromáticas.

El color es la Vida. El mundo está impregnado de tonos, gamas, luces, destellos,

matices. Todo alrededor es un arco-iris que se mueve, se comunica, intercambia la

forma e información. En el mundo pictórico de las artes, los tonos se dividen en

categorías de calidez (rojo, naranja y amarillo) y frialdad (azul, verde y violeta)

trasmitiendo y percibiendo los estados psicológicos. En definitiva, podríamos decir que

sin color el mundo simplemente no estaría aquí.

Muchas veces me quedo fascinada por la belleza cromática de los cielos de Madrid. Lo

hermoso que es el espectáculo de los atardeceres con sus grises-perla y magentas, rosas-

salmón con el carmesí sobre el fondo aún celeste-turquesa tan puro que, los ojos y el

corazón se llenan de alegría y felicidad. Tan solo con mirar este cielo, cualquier atisbo

de tristeza se desvanece y se convierte en parte de este deslumbrante cielo. Me doy

cuenta de este regalo y me digo a mí misma que solo por ver el cielo una vez más, vale

la pena vivir. No hay tiempo que perder en cosas absurdas y minucias insignificantes,

solo está el momento, este momento, este cielo, azul, celeste, perla y cobre. Solo es una

inspiración, cuando espiras, todo ha cambiado ya.

La pintura, la danza, la cocina, hacer el amor es un instante que encierra la eternidad en

un suspiro de creación. Así me siento cuando miro los cielos de Madrid y aspiro el

aroma de lluvia, a través de mi alma con los ojos del corazón llenos de puro éxtasis.

Siento el viento en mi rostro feliz desde el puente de la M-30 dirección no sé a dónde y

tampoco me importa. Solo siento el viento en mi rostro y la intuición comienza a fluir

más libremente, todo se coloca en su sitio, solo siento el viento en mi rostro, el aroma

de la naturaleza en la ciudad de Madrid, el cielo púrpura y gris perla. El sol tímidamente

baña con chorros dorados las cumbres de las montañas, por allí, por Mirasierra, pero yo

estoy mirando desde el puente de la M-30, más allá de la luz y de las montañas y el sol,

más allá de mi alma.

Ahora es cuando siento a dios en cada susurro y soplo del viento. Pasan los coches, más

y más rápido. Solo que el ruido ya no se oye, es el sonido de Dios que hay en mí,

fluyendo con el atardecer, la M-30 de Madrid, el viento en mi rostro, las luces y los

pinos. Me siento. La felicidad silenciosa invade mi cuerpo y mi ser. Sonrío para mis

adentros y me dispongo a marchar intentando retener por un instante el último destello

de la luz.

Un rayo de luz, una sonrisa, la brisa y el susurro del viento, las ramas se mueven.

Todo respira y vive. Todo es, nada sobra, nada falta, todo es uno.

Fractales_Mundos_cosmicos