orlandoMindfulness es una palabra que cada día está más en boca de todos y, lector, antes o después, llegará a tus oídos por otro medio distinto al de este artículo. Ya está presente en la educación y la empresa y no está lejano el día en el que tu médico de cabecera te lo recomendará como medio de serenar la mente y prevenir el estrés.

Esta palabra que bien podemos traducir por “atención plena” o “plena conciencia.” es fruto de las investigaciones realizadas por el doctor Jon Kabat-Zinn, de la universidad de Massachusetts, dentro de su programa de reducción del estrés (REBAP). La atención plena no es un descubrimiento de este siglo, ni siquiera del siglo inmediatamente anterior, tan lleno de avances, sino que el mismo Buda, e incluso textos más antiguos como los Upanishads, de la tradición advaita, hablaron ya sobre la adecuada atención para llegar a la verdadera iluminación. Así mismo, otras escuelas, como el budismo zen, también ponen el acento en una actitud de plena atención en lo que está sucediendo y en lo que estamos haciendo como una forma de llevar el estado de meditación más allá de la sentada de rigor.

La atención plena nos conduce directamente a una conexión con el momento presente y lo que en él se manifiesta. Se trata de una toma de conciencia del momento en el que estamos y d la situación que vivimos, la cual nos saca del cotidiano automatismo en el que discurre nuestra vida. Es precisamente este automatismo el que nos sume en un cómodo estado de inconsciencia que nos dispensa de poner la atención en dónde estamos y lo que estamos haciendo (es más, ni siquiera en la acción que estamos realizando) y es así como la mente vaga del pasado al futuro y se enreda en disquisiciones que nada tienen que ver con lo que está sucediendo en el momento presente. Resulta especialmente relevante el hecho de que cuando un suceso de nuestro cuerpo o del entorno viene a sacarnos del automatismo, la mente, hasta entonces divagante, despierta para revelarse, rechazando la nueva situación y creando enfado. Hay como una resistencia de la mente a la plena consciencia y como un miedo provocado por ella misma ante la Presencia consciente en el ahora.

En el artículo del número anterior de Energía vital, hablábamos de la meditación sentada y su enfoque en la postura, la respiración y los pensamientos. Pues bien, esta es la práctica meditativa formal. En cambio, la atención plena, enfocada en cualquier acto o momento de nuestra vida, es la práctica meditativa informal. Una y otra se complementan perfectamente, ya que la atención plena es la prolongación de la meditación estática en la vida activa, de tal modo que le da sentido más allá de la pura sentada.

Y ahora, un pequeño ejercicio de mindfulness. Detente, adopta una postura cómoda, respira y toma conciencia y reconoce el estado actual de tu cuerpo y de tus emociones. Recuerda cuál era ese estado hace unas horas o unos días y verás que hay diferencias respecto a tu estado actual y presente y que por lo tanto poco o nada tiene que ver con él. Toma ahora conciencia de lo que vas a hacer en el futuro próximo o lejano y cuál será el estado de tus emociones y de tu cuerpo en ese momento. Tal y cómo hiciste con el pasado, comprobarás que también difiere de tu estado actual y que por lo tanto te enajena de él, ya que aquel estado futuro tan solo vive en tu mente. Vuelve ahora a tu estado psicocorporal actual y compáralo con los estados recordados y futurizados. Pues bien, este ejercicio sirve para mostrarnos cómo nuestra mente nos lleva constantemente del pasado al futuro reviviendo o anticipando estados psicocorporales que poco o nada tienen que ver con nuestra realidad psicosomática actual. También nos ayuda a reconocer el verdadero estado real en el cual estamos, y a descubrir que la mente nos lleva a sufrir a causa de situaciones que no existen y, muy posiblemente, no existirán ni sucederán jamás.

La atención plena nos ayuda a conectar con el momento presente a través, por ejemplo, del reconocimiento de nuestro estado emociona actual, físico y mental. Pero hay otros ejercicios prácticos, como el de enlentecer los movimientos que habitualmente hacemos de forma rápida y automática,  pasando a realizarlos al modo slow (lento): tal vez cepillarnos los dientes, ducharnos, vestirnos o caminar al trabajo. En otros ejercicios, nos detenemos ante el sonido de una campana, de una ambulancia, la alarma de un teléfono, etcétera, y tomamos conciencia de nuestra respiración, postura, lugar y emoción presente; luego continuamos.

La práctica de Mindfulness, en fin, puede conseguir que cualquier momento ordinario se convierta en un momento verdaderamente  extraordinario.

 

 En un pequeño instante puede estar todo, y en un segundo la eternidad, cuando miramos con absoluta y plena atención.

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