Recordar de dónde venimos para orientarnos hacia donde vamos. Hubo un tiempo anterior en que había para todos. En el que los valores de la familia, el respeto de los pueblos y la unión eran sostenidos con conciencia y responsabilidad, dando la soberanía necesaria a cada quien para Ser quien Es en una buena relación con todo y todos. Recuperar esas memorias tan antiguas es un llamado importante en este tiempo de transición en el que las viejas estructuras piramidales ya no se sostienen y se abre paso a una nueva manera, que reordena la subjetividad y nos permite un nuevo entendimiento de quiénes somos y qué estamos haciendo aquí en esta época.

Todos somos necesarios. Todas las tareas son igual de importantes. Yendo de lo micro a lo macro, el cuerpo humano es una clara metáfora para comprender este fenómeno. Así como en el organismo cada célula se especializa y forma parte de un tejido mayor que hace a un órgano que tiene su función. Así como cada órgano forma parte de un aparato o sistema que también tiene su función. Así como los aparatos y sistemas constituyen el organismo entrando en relación unos con otros, trabajando juntos, cooperando entre ellos al servicio de un propósito mayor que es funcionar en armonía para que la buena vida se mantenga. Así también, cada uno de nosotros como humanos tiene su tarea, su función, que si bien es personal, también es colectiva ya que forma parte de toda la familia humana que somos.

Ningún ser humano es más importante que otro. Todos somos necesarios e imprescindibles para develar la tarea que como humanidad vinimos a realizar. Todos somos necesarios e imprescindibles para que haya una buena convivencia social y podamos vivir de una buena manera, agradeciendo y honrando la vida que nos ha sido dada. Tomando lo que necesitamos sin abusar de los recursos, colaborando en la buena distribución de los mismos, justa y equitativa.

“Esta es la revolución que debemos llevar a cabo en nuestro tiempo y expresa la necesidad no solo de cambiar el eje de nuestra conciencia, sino nuestra conciencia como tal. La visión del mundo de la que somos portadores los occidentales está peligrosamente desbalanceada”. Alejandro Spangenberg. “Gestalt, Mitos y Trascendencia” 

En parte, equilibrar esta cosmovisión, es recordar la geometría del diseño, incluir el diseño circular en nuestro entendimiento y en él, los distintos niveles de activismo e implicación humana, reconociéndolos a todos con profundo respeto y dándonos cuenta de que se nutren y enriquecen en un diálogo constante.

Comprendiendo que cada persona participa del tejido colectivo en el nivel en que se siente llamada a accionar, por su historia, sus experiencias, sus dones, su propósito de vida, etc. Ningún nivel es más importante que otro. Todos son igual de necesarios para el cambio que como humanos transitamos. Cada relación, empezando por la relación con uno mismo, es un espacio sagrado donde ejercer el compromiso y la soberanía. Estamos aprendiendo a ser humanos en el nuevo tiempo.

Expandirnos unos a otros, reconocer los dones que cada miembro tiene porque estos están al servicio de todos. De esta manera, no nos medimos entre nosotros, ni acumulamos por miedo a no tener después, sino que nos acompañamos, compartimos, nutrimos y enriquecemos.

No se trata de renunciar a la tarea que cada quien tiene que realizar, sino que es hacerme cargo de mis dones y mi propósito entendiendo que pertenezco a un orden mayor donde hay tiempos y espacios que desconozco, que pertenezco a todo un colectivo donde todos están haciendo lo mismo. Para que yo pueda florecer y expandirme, es preciso que todos lo hagamos. Ese es el entendimiento del orden del Amor, diferente al orden del poder.

Pidiendo así que podamos celebrar la expansión y crecimiento de nuestros semejantes, del mismo modo que celebramos nuestra expansión y crecimiento; reconociendo cuándo aparece el miedo a que “si el otro florece me opaca a mí”. Reconociendo también hoy, que eso no es cierto. Que ese es el Ego individual asustado que cree que “no hay para todos” y tras sentirse amenazado “sale a conquistar un lugar en el mercado de la personalidad”, casi por supervivencia. Probablemente porque hubo un tiempo en que así fue y esa memoria está profundamente arraigada en el inconsciente colectivo, tras tantos años de dominación, guerras y escasez.

El nuevo tiempo llama a un nuevo orden. Llama a la confianza, la abundancia, la armonía y la paz. Para que lo más auténtico de mí pueda florecer y expandirse es preciso que todos lo hagamos. Ese es el entendimiento del orden del Amor, un orden amplio e inclusivo donde cabemos todos.

Abrirnos a esta nueva manera implica reconocer las derrotas y renuncias que el ego tiene que hacer para entregarse al Ser que confía y reconoce la Verdad sin apropiarse de ella.

Recuperar la memoria de la tribu, de la comunidad, de la gran familia nos recuerda esta grandeza, la amplitud del tejido; nos recuerda que no caminamos solos.

Pidiendo así recordar esa verdad tan antigua en nuestro corazón, asumirla y llevarla a nuestras acciones, que nuestros actos sean coherentes e íntegros con este reconocimiento.