Cuando algo que ha sucedido en el pasado creando un dolor en tu interior, te ha llevado a considerarlo como una injusticia que debía ser reparada para de ese modo hacer justicia, con toda seguridad habrás conectado con la emoción rabia. Si esta rabia no cumple su función y se cronifica, se convierte en una rabia tóxica que busca algún tipo de venganza o resarcimiento, que no olvida, no perdona, no te deja pasar página y se queda interiorizada en tu mente y cuerpo hasta enfermar tu estómago y trastornar tu claridad de pensamiento. Estás conectando con el resentimiento y pretendiendo que el otro pague el daño que causó en ti. Lo que haces es engancharte a un sufrimiento agónico y a un dolor que se perpetúa en el tiempo. Creas una distancia infinita entre la felicidad y tú.

Resistirte a perdonar una ofensa, una promesa incumplida, una expectativa es dejar que el ser que causó tu dolor perviva gratis en tu cabeza durante meses, años o toda una vida. Esa situación que tú creas voluntariamente y por decisión propia, te sumirá en la infelicidad. Por tanto, si quieres salir de ella, es el momento de tomar conciencia y hacer lo contrario de lo que has hecho hasta ahora. Asume la responsabilidad de tus propias experiencias, deja de culpar a aquel individuo que por otro lado te está dando la oportunidad de que conozcas esas partes oscuras de ti.

  • Si alguien pisó tu autoestima, es porque le entregaste tu poder, te pusiste bajo sus órdenes esperando que te valorara, que te quisiera. Revisa tu necesidad de ser reforzado en tu autoestima por terceros. Eres vulnerable, carente de orgullo de ti mismo. Acéptalo y no te quedes enganchado de aquél que te hace ver cómo te rebajas por obtener algo de reconocimiento.
  • Si alguien incumplió su promesa de amor, apoyo, amistad, debes evaluar que quizás entregas tu confianza a quien no lo merece y analizar para qué lo haces. Depositas tus expectativas de ser amadoo querido en quien te puede traicionar. ¿Qué necesidades ocultan tus vanas esperanzas? Acepta que tú eres responsable también de la situación creada. Profundiza en el amor por ti mismo.
  • Si alguien te ha hecho perder tus sueños, tus ilusiones, ha malgastado tu generosidad, ha robado tu tiempo, de nuevo revísate tú y comprueba que no sabes ponerte a salvo. Conecta con la tristeza de aceptar que hay algo en ti que busca en los lugares inadecuados y de las maneras incorrectas.

La resistencia a soltar un pasado doloroso implica una falta de aceptación de algo que has perdido. Si asumes tu responsabilidad e implicación en tu felicidad, soltarás al causante de tu daño interior y profundizarás en las causas que en su momento te hicieron depender de esa persona.

 

Ya no estás en el pasado, ahora debes recomponer tú tu vida. Por eso, resistirse a perdonar sólo puede derivar en revivir una y otra vez aquellos episodios para torturarte, para buscar culpas que en su momento no supiste o no pudiste enfrentar, para querer mantener tu razón, para ser víctima de los acontecimientos…

 

Solo tú puedes decidir tu grado de felicidad y eso está en concordancia con tu actitud frente al perdón. Perdonar no implica acercarte a quien te dañó y decirle: te perdono. Ese acto es absolutamente innecesario y además carente de sentido, pues casi seguro la otra persona no necesita tu perdón.

 

La palabra perdonar equivale a soltar, y soltar es sinónimo de liberación. Cuando estás dispuesto a soltar es porque ya has asumido tu parte de responsabilidad y has entendido que precisabas meterte en la boca del lobo para integrar unos conocimientos que tu evolución como ser humano requería. En ese preciso momento sueltas las cadenas que te condenaban a un sufrimiento interior lento y muy doloroso que intoxicaba tus acciones y relaciones. Así, al soltar, tu ser vuelve a ser libre.

 

Perdona tan solo para soltar y liberarte tú. Y sobre todo, aprende de esas experiencias para no volver a repetirlas.