En la práctica del Chi Kung encontramos muchos tipos de respiraciones: abdominal, invertida, comprimida, alterna, etc.
Antes de adentrarnos en el aprendizaje de las diferentes técnicas de respiración, conviene que comencemos nuestro camino por una práctica sencilla, segura y eficaz, en la que más que hacer algo con nuestra respiración de manera voluntaria, dejamos que se produzca de forma natural, y simplemente nos ponemos a observarla con una actitud curiosa y distendida.
En definitiva, se trata de ponernos a la “escucha” de nuestra respiración, y ejercitarnos en respirar atenta y conscientemente. Porque respirar conscientemente es aprender a situarse en el presente.
Cada respiración nos sumerge en el ahora. No podemos respirar el aire de ayer, ni el de mañana. No respiramos ahora, para vivir en dos años, respiramos en este momento para vivir en este momento. Ni siquiera podemos inspirar y espirar a la vez.
Por eso, la respiración consciente es el mejor modo de adquirir la habilidad de estar presente en el momento, de experimentar la vida directamente, de ponernos en contacto con la realidad, con el mundo tal como es, no con el mundo tal como lo pensamos.

Práctica:
Nos colocamos sentados en una silla, en una postura que estemos cómodos. Podemos apoyar las lumbares en el respaldo de la silla. La espalda recta sin tensión, los hombros relajados, las dos plantas del pie
en contacto con el suelo, el cuello y la cabeza erguidos pero relajados, las manos apoyadas en los muslos.
Cerramos los ojos, y simplemente ponemos la atención en la respiración.
Sin controlarla, solamente sentimos y observamos la respiración. Sin modificar nada. Observando el cuerpo, sintiendo como se mueve el abdomen y el pecho con la respiración. No hay que hacer nada, solo observar. La respiración se produce por sí misma, no hay que hacer nada para respirar.
Dejamos que la inspiración se produzca naturalmente, degustamos interiormente esa sensación de apertura que produce. Acompañamos la espiración para que se realice libremente, soltamos a la vez todo el cuerpo. Observamos también esa pequeña pausa que hay entre respiración y respiración.
Permitimos que la mente quede libre de pensamientos, juicios, opiniones y emociones. Buscamos la quietud interior, soltar el cuerpo, sentir la respiración, el hacernos presentes a través de la respiración. Llenamos el momento presente con la respiración. Nos situamos, en el centro de todo, pero desprendidos de todo.
Parafraseando a un maestro japonés de tiro con arco: respirar diez veces es un acto banal, hacer bien diez respiraciones es un acto sagrado.