Te propongo parar un momento a percibir las sensaciones que te ha generado leer el título de este artículo: Sanación integrativa. O quizá mejor, vayamos palabra por palabra. Abordemos la primera: Sanación. ¿Qué te produce? ¿Se te arquea una ceja? Entonces, escepticismo. ¿Abres los ojos? Sorpresa… o interés. ¿Miras hacia fuera buscando un médico? ¿O miras hacia dentro despertando tu propio potencial sanador? Hace años en un curso le pregunté a uno de mis compañeros a qué se dedicaba. Me dijo que era Sanador. Y yo misma pensé, “este chico está fatal.”

 

El segundo término de la ecuación parece más fácil: Integrativa. Diría que aglutina o incorpora las partes de un todo, por ejemplo. ¿Puedes estar de acuerdo? ¿Sí? En ese caso, me alegro porque “integrativa” es una palabra que no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

 

Así puestos, valoremos ambas palabras juntas: Sanación integrativa, más allá de los juegos lingüísticos o etimológicos a los que he querido llevaros para demostrar que no existe un concepto claro, y mucho menos único, de lo que es ni de lo que implica. Sin embargo, sí que podemos avanzar que no es especialmente novedoso. Quizá lo novedoso sea nuestro modelo de salud basado en la enfermedad. ¿No es paradójico? Es muy conocido que aún hoy en muchos pueblos de China los “pacientes” dejan de pagar al doctor cuando enferman porque se supone que entonces no ha hecho bien su trabajo. El doctor sirve para mantenerlos sanos, no para curarlos.

 

Y ya que hablamos de curar, tiremos aún más del hilo y vayamos a la raíz etimológica de “cura” que tanto aglutina cuidar, como querer o curar. ¿Cuántas de estas tres cosas hace nuestro sistema sanitario actual por nosotros? ¿Y por qué pensamos sólo en los médicos y no en todos los profesionales de la salud y en la “cura”?

 

Pero a lo mejor es que nadie tiene que hacer nada; en tanto en cuanto nosotros no lo hacemos por nosotros mismos. El concepto de sanación implica una mirada atenta hacia el cuidado de la salud. Con el apellido integrativa, abarca la multidimensionalidad del ser humano. Va más allá de lo físico, que es de lo que se ocupa mayormente la medicina, e incluye lo mental, emocional, espiritual, energético y hasta lo comportamental y social.

 

En este momento de profundas discrepancias entre los sistemas que supuestamente curan y los que no, propondría ir un paso más allá. Preguntarnos qué es lo que nos sana. Esta me parece una pregunta mucho más importante a la que dedicar nuestros esfuerzos y presupuestos. Ni siquiera importa tanto qué es lo que nos enferma; si es genético y determinado o ambiental, o comportamental; o el resultado de un evento concreto en el tiempo, o de toda una vida de hábitos inadecuados. ¿Qué nos sana?

 

¿Nos sanará, tal vez, el tan controvertido método científico o la evidencia clínica? ¿Los fármacos convencionales o las terapias complementarias? ¿Psicología, fisioterapia o guía espiritual?

 

Atendamos brevemente las lecciones de los maestros clásicos cuando afirman que la sabiduría reside en el silencio y que la creatividad surge del vacío. Acallemos guerras, protestas e intereses. Permanezcamos en silencio y escuchemos a nuestro maestro interior. Hagamos el vacío en nuestra mente olvidando conocimientos, prejuicios y postjuicios. Y en ese silencio, en ese vacío, preguntémonos: ¿Qué necesito para sanar?

 

¿Qué necesito yo? Y lo primero que destaca es que aparezco YO. Esa primera persona que yo olvido y el sistema sanitario en su más amplia expresión, también. ¿Quién se pregunta qué necesito yo que soy parecido y a la vez tan diferente a ti y a él y a vosotros?

 

Seguro que a las enfermedades podemos acercarnos desde la reproductibilidad de eventos y resultados; con medicamentos pautados en función de probabilidades, edades, pesos, sexos… Pero a mi sanación, siendo yo alguien única y especial no se puede llegar desde un camino transitado por otros.

 

Por eso, cuando hablamos de sanación integrativa nos referimos a integrar todas aquellas prácticas que contribuyen al equilibrio de todos los sistemas de una persona concreta. Y tenemos muy presente que si yo no soy protagonista de mi sanación y mi salud, nadie ni nada podrá hacer nada por mí. Diré una y otra vez que la salud es un ejercicio de responsabilidad, es una elección y una puesta en acción que solo se puede realizar desde el interior.

 

Cuando cada uno de nosotros toma la decisión de vivir una vida saludable o de sanar, los distintos profesionales de la salud han de acompañarnos y enseñarnos a hacerlo. No deben tratarnos como a niños, sino como a adultos transitando un nuevo aprendizaje de forma que no nos hagan dependientes, sino autónomos para vivir y disfrutar de nuestra vida sana en plenitud.

 

Esto es sanación integrativa… al menos para mí.