orlandoEs un signo de nuestro tiempo el hecho de que cada vez sean más personas las que se acercan e interesan por algún método de meditación o de relajación; tal vez acuciados por la necesidad de poner un cierto orden en sus mentes o en sus emociones. Por lo que he podido cotejar en algunas de las personas que se acercan y me preguntan, adivino seres presionados por circunstancias que necesitan gestionar mental y emocionalmente, es decir,  personas que necesitan comprender lo que les pasa y a la vez detener el ritmo frenético de sus mentes y sus vidas entrando, aunque sea brevemente, en estados de serenidad y silencio.

El hecho de que se haya disparado la venta de CDs y de libros donde se explica algún método de relajación o meditación, indica una creciente demanda de herramientas con las que gestionar el estado habitual y crónico de tensión, tristeza o rabia. Sabemos que contamos con una gran desventaja desde el principio: la falta de tiempo. Esta parece ser la excusa universal cuando se trata de dar un pequeño giro a nuestra vida y, sin embargo, bien sabemos que tan solo se trata de una cuestión de prioridades. Así que comenzaremos este artículo alentando a nuestro futuro practicante a reestructurar su vida vaciándola de lo que considere más banal o menos prioritario respecto a la práctica meditativa la cual, como veremos, no tiene porqué ocupar en principio un tiempo superior a los diez o quince minutos.

Para empezar, diremos que la meditación es un gran acto de amor a uno mismo, un acto de verdadero amor que va más allá del procurarse goce o alejarse de algún peligro. Tal vez, el acto de amor primordial hacia la propia persona sea el de reconocerla, es decir, el reconocimiento de uno mismo: “bien, aquí estoy yo y me reconozco. Así podríamos formular este momento crucial y primario de auto conciencia. Este puede ser el comienzo de una larga relación entre nosotros y ese otro que vemos cada día en el espejo.

La palabra clave de la meditación Transpersonal es observa. No se te pedirá otra cosa durante la meditación e incluso más allá de ella. Observa, observa y observa. Y henos aquí ante una cuestión que debe ser matizada; observar no es pensar, observar es mirar con mirada vacía de contenido intelectual y emocional. ¿Qué debo mirar? Lo más próximo, esto es, mi cuerpo y su postura, sensaciones internas y periféricas. Luego, la respiración; si es torácica o abdominal. Por último, mis pensamientos; observo de forma desapegada y distante los contenidos mentales que como un río fluyen en mi campo de atención.

La meditación Transpersonal es aconfesional, es decir, no posee contenidos dogmáticos y por lo tanto es siempre compatible con cualquier modelo religioso. En sí misma, esta meditación carece de contenidos teológicos y eso hace que sea accesible tanto para el hombre religioso como para el que no se plantea la existencia de Dios. La meditación Transpersonal es abierta y bebe de todas las tradiciones espirituales, desde el budismo, el Zen, el Taoísmo y el Advahita. Se nutre de la Sabiduría Perenne, que podemos definir como el patrimonio espiritual de la humanidad cuyos contenidos son de toda época y de todo lugar.

Como práctica de iniciación podemos hacer un conteo de respiraciones, para el cual nos colocaremos en una postura cómoda, preferiblemente sentados, ya sea sobre un zafu, banquito de meditación o una silla. La espalda estará recta, aunque no rígida, la cabeza horizontal al suelo con el mentón ligeramente retraído, las manos sobe las rodillas haciendo algún mudra que hayamos elegido. Los ojos cerrados, abiertos o entreabiertos.  Si elegimos las dos últimas opciones, la mirada se fijará en un punto sobe el suelo a una distancia de aproximadamente un metro. Conseguida la postura comenzaremos a meditar concentrándonos en la respiración y contando hasta cuarenta u ochenta respiraciones considerando el ciclo completo de inhalación y exhalación. Si te distraes, vuelve a concentrarte en la respiración y a retomar la cuenta en la cifra en la que consideres que has desviado la atención. Feliz meditación.

Te dejo con este breve poema:

Puedes llegar a dominar un elefante furioso.

 A silenciar al oso o al tigre.

 Puedes cabalgar sobre un león o bromear con una cobra.

Con la alquimia puedes llegar a prolongar la existencia.

 Puedes recorrer el desconocido universo, O rendir homenaje a los dioses.

 Puedes permanecer eternamente joven, O incluso andar sobre el agua y vivir en el fuego.

Pero llegar a dominar tu mente es mejor y también ¡mucho más difícil!

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