Nos han enseñado desde la infancia que somos aquello que heredamos de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc. Los médicos nos dicen que la diabetes, las alteraciones del tiroides, el Alzheimer, la demencia, el cáncer, la esclerosis del sistema nervioso y otras muchas más enfermedades provienen de los genes defectuosos que hemos heredado de nuestros padres. Según esta teoría, estamos condicionados y limitados por la información escrita en nuestros genes y que no podemos borrar ni modificar.

 

Recientemente, el biólogo celular Bruce H.Lipton, profesor de la universidad de Wisconsin(EEUU) ha demostrado que nuestro material genético contenido en las hélices del ADN no controla irremediablemente nuestra biología ni nuestra vida. Nuestros genes, según sus estudios, están controlados por señales y mensajes provenientes de nuestra mente y del medio ambiente. Nuestras células pueden cambiar si modificamos nuestra manera de pensar y soltamos nuestras creencias.

 

La Epigenética, que literalmente significa “por encima de los genes”, nos enseña que para modificar nuestros genes, tenemos que cambiar nuestra conducta y el medio en nos movemos. Enfermamos, padecemos dolencias y tumores no porque heredamos genes defectuosos, sino porque nuestro estilo de vida, nuestra alimentación, nuestra conducta y nuestras creencias consiguieron modificar el maravilloso entramado genético que heredamos. Esta nueva ciencia nos dice que, a pesar de tener unos genes programados, podemos “reescribir“ aquello que nosotros queramos y, con la ayuda del medio que nos rodea, modificar estos genes.

 

El Dr. Moshe Szyf de la Universidad Mc Gill en Canadá junto con el Dr. Aharn Razin  demostraron en un estudio a largo plazo en diferentes animales que  la baja atención materna durante la infancia y principalmente durante la lactancia podía dar lugar a cambios en el comportamiento durante toda la vida con aumento de la ansiedad y de la capacidad de respuesta a los momentos estresantes. Todo esto se debería a la alteración en el metabolismo de un gen a nivel cerebral, concretamente de la metilación (reacción metabólica) del ADN (cadena de genes).

 

El investigador Dan Buettner viajó hasta la isla de Icaria, en Grecia, famosa por la longevidad de sus habitantes con una vida media de 90 años. El médico al que preguntó le dijo: “Nos levantamos tarde y siempre dormimos siesta, no abro la consulta hasta las once de la mañana porque antes de esta hora no acude nadie. No existen relojes en la calle, si invitas a alguien a casa, puede aparecer a las diez de la mañana o a las seis de la tarde”. En Icaria no existe la demencia senil y el cáncer es casi desconocido. Los hábitos saludables, la ausencia de estrés y el medio ambiente pueden modificar el ADN de nuestras células.

 

La idea de que nuestro destino está escrito en nuestros genes y la condena a depender de ellos, hoy día se sabe que no es cierta. El pensar o decir: ”como estoy predestinado a padecer una enfermedad, no puedo hacer nada”, es una equivocación que debemos alejar de nuestra mente.

 

Si nos volvemos más conscientes y dejamos de aferrarnos a nuestras antiguas creencias, podremos transformarnos en dueños de nuestro destino en lugar de ser víctimas de los programas con los que venimos marcados. Solo así haremos que nuestras vidas estén llenas de amor,  salud y prosperidad.