Mujer, eres medicina

 

Hace ya un tiempo el Universo me mandó un mensaje: “Serás mujer medicina”. Y en mi camino de convertirme en una, descubriendo qué es ser una mujer medicina, entendí lo más importante del mensaje: TODAS SOMOS MEDICINA.

 

“Conviértete en lo que deseas enseñar” me dijeron otra vez mis guías y aunque al principio pensé en una formación instalando en mí conocimiento externo, un día entendí que lo que mi destino deseaba comunicarme era que rescatara la medicina que ya había dentro de mí. La formación siempre es el camino que te conecta con tu sabiduría, es cierto. Pero si de verdad deseamos compartir, no podemos hacerlo desde el conocimiento, sino desde la integración de esos datos cuyo resultado es nuestra sabiduría.

 

Todos poseemos esa sagrada medicina, está en todas partes. De la Tierra venimos y, al igual que ella es medicina y nos la ofrenda tan solo con observarla, nosotros podemos conectar con la nuestra. Porque, como hijas suyas que somos, toda su esencia igualmente fluye por nosotras. Ella fluye por sus ciclos y sus estaciones y nos recuerda la importancia de aceptar cada momento y vivir desde la calma. Que las cosas tienen su tiempo para crearse y también para destruirse… Ella tiene la capacidad de reponerse a todo, y nosotros también. Cada uno tiene su propia medicina. Tu silencio es medicina, ¿o no lo consideras así cuando alguien se acerca a ti solo para ser escuchado? Tu voz es medicina, y así lo ves cuando tus palabras consuelan tan solo con un: “cuenta conmigo”. Tu tacto es medicina cuando acaricias a un ser querido dándole amor con un solo gesto. La medicina de la vida es simple, la vida es simple, no busques grandes fórmulas, palabras o formas. Tu esencia es medicina, tu beso en la frente es medicina, tu comida hecha con amor para nutrir a tus seres queridos es medicina. Tus experiencias de vida son medicina, ¿o no nos sentimos inspirados por las historias de otros? Tu coraje y espíritu de superación son medicina. Tu sangre de Vida es medicina para la Madre Tierra, para nosotras, nuestro linaje y todas las mujeres. Y recordando esto, la entregamos a la tierra y sanamos juntas.
Nuestras lágrimas son medicina y su presencia siempre es la certeza de que la cura ya se está produciendo. Nuestra esencia, nuestra energía es medicina y ahí reside la alquimia femenina. Conecta con tu propia medicina, rescata tu botica personal, esos pequeños remedios que te alivian el alma, reconócelos y entrégalos. De ese modo, la alquimia de tu esencia transformará tu entorno y tu sola presencia sanará a todo lo que te rodea, eres poderosa, y tu medicina también. Conectando con nuestro cuerpo y nuestro poder interior comenzamos a crear magia. Con nuestros rituales de Luna, con nuestros rituales con los elementos creamos magia. Y cuando ésta es parte de nosotras, y hemos interiorizado ese poder, surge la alquimia, la gracia, el poder pleno del ser que su sola presencia transmuta, creando cambios en todo lo que nos rodea. Cuando alguien se acerca a ti buscando la medicina de tu voz, también encuentra tu silencio sanador al escucharte.

Por lo tanto, recuerda: tu medicina es entonces tu presencia y la propia voz del que te cuenta, su medicina. Ya que al ser escuchado se sana a sí mismo, porque su voz, hecha materia desde la semilla del pensamiento que le da forma a su preocupación, al igual que crea sufrimiento, crea el antídoto. “Ahora lo entiendo todo” decimos.

 

Algunos vinimos a este mundo a ayudar a los demás a encontrar su medicina pero quiero aclarar, que la medicina hecha a la medida de cada cual ya existe en nosotros. Nadie mejor que tú sabe que necesitas oír, escuchar, comer, ayunar o ser acompañado. Conecta con tu voz, tu esencia y escucha a tu alma. La próxima vez que necesites medicina recuerda esto y busca ese momento en que fuiste medicina para otros y aplica ese mismo cuidado a ti misma. Nada empodera más que reconocer tus dones y más si es aplicándolos a uno mismo.

 

Son tiempos de que entendamos que ya traemos todo de serie, incluso nuestros propios remedios, y recuerda: no hay nada que cure más, que curar a los demás, por lo tanto no dudes en sanar a quien en tu camino se cruce y antes de irte recuérdale que eso siempre estuve dentro de él igualmente. Y cuando una aprende a sanarse, también deja de lastimar por lo que la rueda de bendiciones de amplia y poco a poco nuestro mundo será ese lugar maravilloso, ese Cielo en la Tierra del que tanto se habla. Porque el puente que une ambos mundos, somos nosotros.
SOMOS MUJERES, SOMOS DIOSAS, SOMOS PODEROSAS.

 

Con amor, Inma.