Hoy en día, no solo los humanos padecen de estrés, tensiones y malestar, sino que  también lo hacen nuestros mejores amigos de cuatro patas. Muchas personas que conviven con animales de compañía guardan una estrecha relación con ellos. Sabemos que los animales son capaces de captar las preocupaciones y el malestar de su cuidador humano. No obstante, el abandono y el maltrato, la adaptación a una nueva familia, la mudanza a una nueva casa o el cambio de alimentación pueden ser causantes de estrés en el animal que, a menudo, se manifiesta en problemas digestivos, alergias, tensión, ansiedad y comportamiento atípico. Muchos problemas se pueden tratar con medicamentos, sin embargo estos solo actúan sobre los síntomas y no siempre se dirigen a la causa del problema o enfermedad.

 

Toda mi vida he tenido perros. Hace dos años y medio adopté a mi perra Lula, una Teckel abandonada y muy maltratada. El día que llegó no se dejó tocar, no era sociable con otros animales y no sabía jugar o comportarse como un perro. En el primer curso de educación básica canina se ganó el apodo de “la gruñona” y era imposible que aprendiera algo, ladraba con voz aguda a todos los perros y en una ocasión mordió a la instructora. Pronto entendí que con el estrés y el miedo tenía un bloqueo tan grande que no podía aprender. En mi desesperación empecé a buscar soluciones en las terapias alternativas.

 

Como terapeuta de Shiatsu y de Medicina Tradicional China, le he estado aplicando  masajes de Shiatsu y fitoterapia para tratar el miedo y la agresividad, con los cuales he ido obteniendo en estos años excelentes resultados. También le he aplicado  aromaterapia y flores de Bach y otros sistemas florales de nueva generación, para tratar la ansiedad por separación y la superación del trauma. Fue entonces cuando descubrí que aceptaba este tratamiento fenomenal. Además, para poder entender mejor sus miedos y necesidades, aprendí a comunicarme con ella a través de otra herramienta como es la telepatía.

 

También he visto la efectividad de la homeopatía y los remedios naturales, uno de ellos la miel. Así, cuando ella tuvo “la tos de la perrera”, una enfermedad típica en perros provenientes de refugios, el veterinario quería que le diese corticoides y antibióticos, pero yo, en su lugar, preferí darle miel y Bryonia 15ch y estos la curaron sin efectos secundarios. Entonces fue cuando comencé a aplicar estos remedios naturales a otros perros y gatos de las protectoras y también a los adoptados.

 

A través de todo este trabajo con los animales, he podido ver su gratitud como respuesta  inmediata. Además, he aprendido que en esta estrecha relación ellos también nos quieren ayudar somatizando las enfermedades que no conocemos ni queremos solucionar en nosotros mismos, o peor aún, que ni siquiera sabemos que tenemos. Los animales a veces nos ayudan a seguir adelante cargando con esas enfermedades, lo cual es un gran gesto de amor incondicional hacia nosotros.

 

En definitiva, he aprendido que el proceso de sanación de los animales ha de ser conjunto (animal y responsable), ya que si tratamos a perros o gatos pero no comprendemos el problema emocional con el que está cargado el responsable del animal, la enfermedad volverá a somatizarse con el tiempo de otra manera, tal y como puede suceder en los seres humanos.